A veces una simple salida despeja la mente, ayuda a desahogar el alma y tomar de lo externo motivos para seguir luchando en nuestro interior. En medio de las tormentas del alma nunca morir ha sido una opción; desaparecer es imposible, pero viajar, salir, aunque parezca sinónimo de escapar, es un medio que renueva la esperanza. No conozco los motivos de aquellos que deciden partir lejos, mucho menos de los que se sientan en su coche y simplemente dan vueltas, pero sí estoy segura que andan en busca de hacer vivir la esperanza, de transformar sus vidas, de aclarar sus horizontes…de vivir.

El simple hecho de salir de casa al trabajo es una oportunidad de ser, hacer, decir, sentir, enseñar y aprender. Nuestros sentidos nos proporcionan experiencias excitantes a tal punto que somos nosotros los que decidimos ignorar, soñar, reír, llorar o simplemente ser sujetos activos o pasivos de la historia llamada vida…nuestro espejo. Quizás mis motivos de viajar sean diferentes a los tuyos, pero tengo la certeza que te verás reflejado en él en algún momento.

Si cierro mis ojos y pienso en viajar, casi inmediatamente siento la brisa en mi rostro y me visualizo dentro de un coche a gran velocidad, revivo el olor a frescura de la carretera y la incertidumbre de lo que me espera en esa nueva aventura, porque aunque preparemos nuestras maletas y nuestras mentes, sólo el destino en su trama sabe lo que pasará…de allí deviene lo emocionante, la impaciencia y muchas veces el miedo a salir de la rutina.

La vida tiene muchos espejos y pasadizos que nos conducen a ellos, mirarse en ellos implica aceptar tu propio reflejo, permitir que otros los vean y ser capaz saborear sus colores, su luz y su obscuridad. Verse en otros espejos es viajar a otros mundos, dejar de ser para poder comprender, dejar de mirar para observar, dejar de escuchar para oír…dejarse llevar por la brisa y degustar el viaje.

En cada viaje por pequeño que sea, me cruzo con tantos espejos que siempre termino valorando mi propio reflejo (aunque siempre quiera huir de él), esos espejos rotos pero con tanta delicadeza enmendados y sin miedo a ser vistos me han hecho comprender que la belleza es una idea de perfección y que la esencia se encuentra detrás del reflejo, del rostro, de la palabra, del gesto; mientras que espejos hermosos y brillantes muchas veces me sorprendían porque eran tan puros que muchos querían romperlos o tan bien disfrazados que mostraban reflejos falsos de todo aquel que allí se miraba.

Cuando andamos siempre por el mismo camino, nuestras pisadas crean senderos y surcos que se vuelven parte de nosotros; en la vida tomar atajos resulta más fácil que ir por nuevos caminos; Viajar, salir, pasear, es sin duda una necesidad, en ocasiones un sueño inalcanzable, otras veces una experiencia diaria y para mí una oportunidad de vivir.

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