Hirose
—¿Escuchaste el nuevo sencillo de AquaPet? —Oomori preguntó, acomodándose la cinta de la mochila sobre el hombro.
—Sí, me gustó muchísimo —Hirose esbozó una sonrisa al tiempo que regresaba a su lugar un pequeño mechón de cabello.
Como era costumbre, ambos iban camino al colegio. Se trataba del primer lunes después de las vacaciones de verano. La idea no le agradaba mucho a Hirose, pues de ahora en adelante, los estudios se volverían muchísimo más pesados, y eso que la carga de tareas ya le costaba trabajo.
Por dentro, no quería decepcionar a sus padres ni a sus maestros, ellos siempre lo habían apoyado con gran seguridad y entusiasmo durante su vida escolar. Pero las dudas y la presión de tomar la decisión correcta le nublaban el juicio. ¿En verdad se veía como un profesor en el futuro?
Sería más fácil si otra persona le dijera qué hacer. Sin embargo, sabía que se estaría mintiendo a sí mismo, sobre todo cuando ya se había alejado de aquellas cosas que las personas le imponían, y en cambio, había estado más al pendiente de sus propios pensamientos.
A pesar de todo, le alegraba pensar que volvería a ver a sus amigos y al profesor Otogiri; que podría correr por el piso chirriante del gimnasio y andaría soltando risotadas entre los pasillos.
Cuando llegaron a la entrada y atravesaron las puertas hacia los casilleros, el bullicio escolar lo envolvió. Escuchaba pequeños gritos de emoción entre amigos, las chicas se abrazaban contentas y algunas parejas se tomaban tímidamente de las manos. Mientras se calzaba las zapatillas escolares, un sutil cuchicheo a su espalda captó su atención.
—¿Ya viste a ese chico de allá? —cuestionó una con un tono pícaro.
—Tiene un aura muy misteriosa —respondió la otra entre risillas—. ¿Siempre fue tan guapo?
—Es de tercero, nunca me había fijado en él…
Presa de una inevitable curiosidad, Hirose decidió seguir la dirección de aquellas miradas, pero se sintió profundamente decepcionado cuando descubrió la silueta de Nakamura, quien terminaba de cambiarse el calzado en la esquina contraria del getabako.*
El cotilleo terminó gracias al timbre. Hirose se dispuso a ir a la primera clase junto con Oomori. Fue entonces cuando sus ojos se cruzaron con los de Nakamura. Él le dedicó una media sonrisa y dio un paso con la intención de acercarse, no obstante, Kawamura lo llamó con gran insistencia y le dijo algo que intensificó la sonrisa. Hirose solo observó cómo desaparecían por el corredor. Se enteró que el año pasado habían quedado juntos en el mismo grupo, así que era natural que su amistad se hubiese vuelto más cercana.
—¿Nos vamos? —inquirió Oomori a su lado.
—¿Mh? Sí.
El primer periodo consistiría en la tutoría para rendir los exámenes. Con intenciones de aprovechar el segundo semestre, el profesor decidió que sería un buen momento para reorganizar los asientos. Actualmente, Hirose estaba sentado junto a Oomori y otros amigos. Pero tras el cambio, quedó separado de todos los que conocía a fondo, a excepción de Nakamura; esta vez, él estaba sentado en la banca de enfrente.
La tutoría inició enfrascada en minúsculos quejidos de frustración por parte de algunos compañeros, pero pronto el ambiente se sumió en un silencio producido por la concentración grupal, el cual era interrumpido cada vez que alguien preguntaba sus dudas al profesor.
Hirose optó por abrir su cuaderno de japonés y repasar los últimos temas. A decir verdad, estudiar nunca le había causado severos problemas más allá de las desveladas y las tardes encerrado en su habitación. No se consideraba un genio, simplemente tenía el don de la buena memoria. Le gustaba tener sus apuntes limpios, entregaba las tareas a tiempo y era de los que estudiaba con anticipación.
—Disculpa…
Una compañera se acercó a él apretando un cuaderno contra su pecho. Tenía el pelo liso y corto por encima de los hombros. Hirose había hablado con ella un par de veces antes, y un ligero destello de emoción le hizo estremecer cuando la encontró muy linda.
—Hashimoto —sonrió—. ¿Necesitas algo?
—Mmh, bueno, es que no comprendí el texto que el profesor nos dio para analizarlo. El de Tsurezuregusa —confesó en voz bajita, sus mejillas tenían un tenue rubor—. ¿Crees que me lo puedas explicar?
—¡Claro! Mira, solo tienes que leerlo con calma.
Hirose sacó sus apuntes y se dedicó a darle una perspicaz interpretación del libro. Estaba acostumbrado a que los demás le pidieran ayuda para resolver ciertos temas, y a él no le molestaba en lo absoluto. Al contrario, siempre estaba dispuesto a brindar una mano a cualquiera que lo necesitara.
Conforme hablaba, pudo percatarse de que Hashimoto le transmitía una extraña sensación de tranquilidad. No tenía que esforzarse por encontrar las palabras adecuadas; ella le ponía atención y hacía las preguntas pertinentes. Con una repentina calidez en el pecho, terminó de explicarle. Ella le agradeció haciendo una pequeña inclinación, pero al hacerlo, no notó que su estuche seguía abierto y todos los útiles cayeron al suelo.
Rápidamente, Hirose se levantó del pupitre para recoger las cosas. Mientras agarraba una goma para borrar, alcanzó a ver algo escrito que le hizo arrugar el entrecejo. Sin poder contenerse, le quitó la envoltura a la goma, y así pudo leer: Nakamura ♡
Era común que las chicas de la escuela usaran su goma para borrar como un amuleto de amor. Solo necesitaban escribir el nombre de la persona que les gustaba, y para finales de año, estarían juntos.
¿Será que Hashimoto está enamorada de Nakamura?
Volvió a leer lo que estaba escrito. Luego elevó la mirada hacia Nakamura, él apenas parpadeaba y se mordía el interior de la mejilla. Hashimoto entró en pánico apenas observó la goma sobre su mano, y con un movimiento veloz se la arrebató.
—No le digas a nadie, por favor.
Le pidió en un susurro antes de levantarse con el rostro colorado hasta las orejas y regresar a su respectivo lugar.
Anonadado, Hirose se volvió a sentar. Estaba en modo automático porque no percibía el paso del tiempo. Su mente se había quedado atorada en ese único nombre. Y por alguna razón que desconocía, su estómago estaba atravesando por un desagradable revoltijo. Todavía no adivinaba si se debía a la sorpresa, al desayuno en la mañana u otra cosa que no lograba nombrar.
¿Qué veía Hashimoto en Nakamura? Bien, era su amigo desde el primer año, no era una mala persona y sabía escuchar a los demás. En deportes era un desastre, pero adoraba las clases de biología. Siempre había sido de esa manera, entonces, ¿por qué ahora? ¿Algo había cambiado?
Enfocó sus ojos en él, o más bien, en su espalda. Tenía el mismo corte de pelo, sus hombros subían y bajaban en cada respiración, hacía ciertas anotaciones en su cuaderno que después borraba con notorio enfado. Sí, era el mismo. Quizá solo la altura, pero solo un poco.
Durante la hora de las lecciones de inglés, la profesora Suzuki comenzó a darles algunos consejos para que les fuera más fácil estudiar. Esto le hizo recordar la propuesta que le había hecho a Nakamura sobre ir a su casa y repasar esos nombres científicos.
Arrancó un trozo de papel de su cuaderno, y con una expresión risueña, escribió:
Shall we meet at your house on Saturday? To study.
Enseguida dobló el papel a la mitad y le dio unos cuantos golpecitos en el hombro con la punta del índice. Cuando Nakamura se giró sobre su asiento para mirarlo, sus rostros quedaron a escasos centímetros.
Hirose no supo en qué momento Nakamura agarró el papel y comenzó a leerlo, pues su mente ya estaba extraviada en los recuerdos de aquella noche en el festival. Durante un indefinido instante, volvió a encontrarse bajo el resguardo de la parada de autobús. La profundidad de los ojos de Nakamura, la calidez de su aliento rozando sus mejillas y aquel inesperado nerviosismo que escaló a su estómago regresaron a él con una claridad que lo desconcertó.
Volvió en sí al tiempo que su amigo levantaba el pulgar, confirmando la reunión de estudio.
Aiki no encontraba explicación alguna para sus recientes pensamientos. Nakamura y él eran amigos, solo eso. No había motivo para que fueran algo más.
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