EL ATARDECER DE LA LECTURA, EL CREPÚSCULO DE LA COMPRENSIÓN y LA AURORA DE LA OPINIÓN

EL ATARDECER DE LA LECTURA, EL CREPÚSCULO DE LA COMPRENSIÓN y LA AURORA DE LA OPINIÓN

El título de este escrito, por sí solo, genera una sensación de incomprensión por los términos asociados en el mismo, lo que lleva a pensar que es un análisis profundo de algún tema en específico. Quisiera que fuera intensa la experticia, pero no lo es. Es una inquietud sencilla de un observador del mundo que le rodea, un ser humano que vive en una era digital que, paradójicamente, se convierte cada vez más en una era arcaica de comunicación entre pares.

Veo con franca preocupación estos tres (3) temas centrales que acarrean el encabezado: lectura, comprensión y opinión; estos se encuentran consignados a las relaciones diarias que poseemos los seres humanos desde los orígenes de la humanidad, y los cuales conllevan al desarrollo integral de todo ser vivo, y lo que nos diferencia de los animales salvajes, sin embargo, en la actualidad esos asuntos en cuestión parecen ir involucionando.

Nuestra sociedad, la dominicana, se encuentra inmersa en una problemática constante: la falta de lectura, nuestro primer punto; desde la fundación de la República hemos conocido las grandes limitaciones que ha enfrentado la población para alcanzar el tan apreciado pan de la enseñanza y, que pocos presidentes constitucionales o no hicieron el intento de resolver: la educación.

A tales fines, teniendo identificada la problemática, se presenta otro gran inconveniente, el dominicano entiende que el ingenio es más importante que la preparación. Hace su enfoque en desarrollar el arte del habla con los conocimientos que posee, y peor aún, ve que le funciona. Logra persuadir, convencer y hacer cambiar de opinión a los demás, como resultado de esto, desecha la lectura como su método para avanzar por la vida.

Esta situación trae consigo un diseño de sociedad a la cual no le interesa hacer el mínimo esfuerzo en leer, culturizarse y aprender. Como consecuencia, crece una comunidad sin criterio propio, debido a que su conocimiento se ve vencido fácilmente por quien domine mejor el arte de hablar y convencer, convirtiéndolos así en seres volátiles ante los fundamentos del saber.

La falta de lectura que entraña la sociedad actual dominicana es un mal de fuerza mayor. Implica que esta no sepa diferenciar claramente entre sus derechos, que tampoco le interesa aprender sobre sus deberes y que, como consecuencia, se encamine hacia un abismo social.

Nadie está dispuesto a leer, nadie quiere y nadie ve atractiva la lectura. El libro Nacho pasó a ser parte de las reliquias, cambiamos eso por modernizar el entorno con tabletas, y otros aparatos electrónicos. Sumado a esto se ha desarrollado la idea de que no se aprende si no es con emociones y colores

Todo esto ha hecho que la pérdida más grande de los últimos años como políticas públicas del Estado: millones de dólares invertidos en educación, pero que no son más que recursos echados al vacío, puesto que seguimos estando por debajo de todas las evaluaciones de rendimiento académico de los jóvenes, principalmente en el área de la lectura.

Adicionalmente, se suma nuestro segundo punto: la comprensión,

Ya que no sabemos leer y tampoco tenemos el interés en hacerlo, nos colocamos ante un inmenso precipicio de entendimiento. Somos una sociedad que termina rigiéndose por el pensamiento acrítico de alguien que supone entender algo, y ese algo se convierte rápidamente en una idea que se esparce sin el más mínimo control ni garantía de verdad.

La lectura nos lleva hacia la comprensión y, a falta de esta, terminamos actuando dentro de lo que popularmente conocemos como el “a sigún”: ese espacio donde no sabemos exactamente cómo comprender la verdad, pero, como alguien lo dijo, entendemos que merece ser aceptado como bueno y válido.

Nuestra problemática ha escalado a un nivel catastrófico con las redes sociales. Estas que nos permiten hablar, comunicar y opinar de todos los temas sin límites previos, es donde caemos en nuestro tercer punto: la opinión.

La falta de lectura, acompañada de la caída estrepitosa de la comprensión, contrasta con una extraordinaria facilidad para opinar. En eso sí nos llevamos el primer lugar: en la discrepancia con la verdad y en la distorsión de la realidad.

Cada día notamos en las redes sociales a youtubers, instagramers y demás yerbas aromáticas, emitir un sinnúmero de juicios de valor a cada cosa que sucede divorciado de la preciada verdad. Son opiniones expresadas desde criterios impropios, bajo la creencia de poseer la certeza absoluta de las cosas y de que se puede, sin freno alguno ni retén, dictaminar puntos de vista sobre cualquier persona o situación, orientados, en muchos casos, a hacer daño.

Nadie quiere leer, nadie entiende que necesita comprender, pero todos creen que merecen y deben opinar: sin concepto, sin precepto y, sobre todo, sin regulación.

Esto, acompañado de una floja aplicación de las leyes, hace que la sociedad interpretar a la que todo está bien y que nada puede estar mal.

Ante estos males es que surge el título de esta obra: El atardecer de la lectura, porque estamos demasiado tarde como sociedad para comprender la necesidad de avanzar hacia el aprendizaje a través de la lectura; El crepúsculo de la comprensión, debido a que, después de no leer, tampoco sabemos cómo, cuándo ni qué comprender; y, por último, La aurora de la opinión, porque para hablar siempre estamos prestos a ocupar el primer lugar, incluso antes de investigar.

¡Ojalá y Dios nos encuentre confesados!

De lo contrario, nos dirigimos a todo vapor hacia la perdición social y pagaremos un precio muy alto cuando finalmente queramos despertar.

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