El arrojo de la loba parda

El arrojo de la loba parda

J. Graciel.

28/08/2026

Mírate tú, Mastín... tan fuerte y acroquetado.
Y yo... ¿qué tengo...?, ¿qué me habéis dejado?;
tan solo llano, monte, y un encofrado.  

Me culpáis a mí, por mi desgracia. Sí al menos
tu amo dejara croquetas en la cañada, yo, no 
buscaría a tus ovejas en la majada.  
 
¿Me has venido a cazar...?, Mastín; a mí... 
por llevar en mi pelaje el color pardo 
escarlatado.
Al menos... que la batalla sea justa; 
quitándote ese collar que tanto asusta.  
 
Mírate tú, Mastín... tan quieto y abrigado. 
Y yo... perdida, con mis lobeznos 
hambrientos y atemorizados. Pues, te han visto 
llegar siguiendo el rastro, que dejé cojeante 
por aquel campo qué… de seguro está bajo tu 
resguardo. 
  
¿Me has venido a cazar...?, Mastín; a mí... 
que no he robado nada.
¡Abre tus ojos!, y recuerda que tu dueño al 
que tanto amas; te ha dejado sin corderos, 
sacrificándolos a tus espaldas. 
  
¡Vete!... y dile a tu amo, que ya no le 
quieres. Porque viste en mi rostro al de un 
hermano, pues, al beber agua en aquel regato; 
en el reflejo miraste... tu propio hocico 
acolmillado.  
 
Veis... Mastín domesticado, tú y yo… fuimos 
uno en el pasado.  
 
Dejadme comer... aunque sea un poco, pues, es 
tu deber mirarte en mis amados ojos, y 
reconocer del lobo... su llamado.

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