Pocos son conscientes del temor que provoca el silencio y es comprensible, en este mundo contemporáneo ya no hay muchos lugares donde la falta de ruido sea evidente, y por eso ahora todo se ha tornado tan perturbador. En el año 2020, sin previo aviso, un zumbido comenzó a escucharse poco a poco en todo el planeta, propagándose a cada persona al iniciar a hablar; al principio, no parecía alarmante, ya que venía y se iba en numerosas ocasiones, hasta que de repente este zumbido se convirtió en ruido estático, empezando a durar más y más a medida que pasaban las semanas y los meses, hasta transformarse en parte de nuestra rutina diaria, como una serpiente que envolvía cada sonido a nuestro alrededor, un compañero inquietante que nunca abandonaba el hogar. Se volvió opresivo, llevándonos al límite de los nervios y acercándonos cada vez más a la locura, pero jamás nos dejaba caer; siempre estábamos cerca, al borde del abismo, pero solo observando el fondo.
Año 2030, las naciones ya no pudieron hacer oídos sordos y decidieron investigar, invirtiendo grandes cantidades de dinero para encontrar una explicación, una razón detrás de este fenómeno. Sin embargo, al finalizar el año, tras innumerables intentos y preguntas, solo hallaron una aterradora verdad: ese sonido no provenía de la tierra; aunque todos podían escucharlo, no tenía ninguna fuente identificable. Para el año 2034, el mundo trató de acostumbrarse a ello, pero no lo logró; un persistente desasosiego se apoderó de cada corazón inquieto, llenándolos de incertidumbre que serían respondidas más pronto de lo esperado. Un terremoto asoló la tierra, pero no provenía de las profundidades del planeta, sino del cielo, una contradicción que quebró por completo la razón de millones al presenciar y vivir semejante acontecimiento inaudito. Observamos cómo las nubes, como espuma, goteaban hacia la tierra, como burbujas que se inflaban y estallaban, desatando vientos que, al avanzar, devoraban cada sonido en todos los rincones. La gente corría y caía, desesperada, mirando a su alrededor, llamando por teléfono cuando se dieron cuenta de que … ya no tenían voz. Ese día sería recordado como «El Viento Ahogante», de manera literal y cruel, cerca de un millón de personas perecieron debido a accidentes y al pánico en cada nación, siendo los países más pequeños o los pueblos más rurales los que simplemente desaparecieron, dejando siluetas negras donde alguna vez vivieron y caminaron. En el año 2040, la humanidad, contra todo pronóstico, logró sobrevivir, solo para darse cuenta posteriormente de que esto era solo el inicio de una pesadilla horrible. El mundo comenzó a verse envuelto en una densa neblina que cubría ciudades enteras, siendo la región más afectada Sudamérica; allí, la gente se dio cuenta de que solo allí el sonido podía ser escuchado, lo que trajo consigo una alegría efímera. Muchos intentaron retomar sus vidas, solo para descubrir que con el regreso de la voz … también llegarían ellos. Años después, se reveló que la niebla actúa como un puente a través del cual esas entidades pueden cruzar, esas malditas criaturas grotescas, carentes de sentido y dirección, que, como si fuesen el experimento de algún científico loco, comenzaron a mezclarse con la flora y fauna de los lugares donde aparecían. Poco a poco, aprendimos que esto apenas empezaba a convertirse en un descenso siniestro hacia la locura más aberrante que se pudiera imaginar. Una noche inesperada, el miedo invadió el corazón de miles al contemplar cómo la luna se dirigía hacia la tierra; nuestra conclusión más evidente fue que el fin se acerca (ojalá hubiera sido así), pero no lo fue.
Aquella noche gélida y agotadora, llena de incómodos gruñidos y el roce de dientes y garras cuya procedencia nunca logramos identificar, se convirtió en el preludio del acto culminante. La tierra, como un lobo hambriento, abrió el cielo como si fuera una fauce desde donde muchas alimañas comenzaron a congregarse; y al llegar las doce, risas sumieron en un frenesí de violencia jamás presenciado. Garras y dientes hirieron y devoraron entre sí sin cesar, exhibiendo una sonrisa salada y retorcida, formando una masa de carne viva, purulenta y ruidosa, que crecía sin parar hasta unirse a ese cielo burbujeante, ese cielo espumoso que moldeaba la silueta de manos con bocas y garras afiladas como lanzas tan grandes como montañas, dispuestas a sujetar la luna. Una danza macabra trazaba misterios, forjando con sangre negra el nacimiento de la cordura más enfermiza imaginable; así surgieron los «Fanáticos del Orden», seres humanoides que albergaban un deseo enfermizo por un aspecto del mundo y eliminaban a cualquier cosa que perturbara su tan valorado escenario, perfecto e impoluto. Aunque eran escasos, el caos que desataron alteró y redefinió el horror de morir, con diseños tan complejos o simples esculpidos con seres vivos, con personas que no cesaban de mirar, suplicando ayuda que nunca llegaría. Cada fin de año, ellos permanecen en completa quietud, en lo más profundo de los rincones, como un viejo recuerdo de nuestra memoria, esperando el más mínimo sonido, el más pequeño ruido, para sujetarnos con sus manos desolladas, arrastrando a su nueva víctima a su adoración por la luna fracturada.
OPINIONES Y COMENTARIOS