
La Feria Internacional del Libro en Bogotá es uno de mis eventos favoritos, una vez más, la ciudad recibió a miles de lectores, escritores, editores y distribuidores llenos de pasión por explorar el maravilloso mundo de la literatura.
La FILBO de 2026 llegó con una propuesta que nos invitó a hacer una pausa bajo el lema: «Escucharnos es leernos». En un mundo gobernado por las constantes notificaciones de contenidos digitales durante todo el día, la lectura se convierte en un acto de protesta, diálogo y conexión.
Leer es ir más allá del descubrimiento de obras literarias clásicas y contemporáneas, es encontrar un espacio para detenerse en medio del ajetreo de la vida cotidiana, conocer otras perspectivas del mundo y darle rienda suelta a nuestra imaginación.
La imaginación del ser humano tiene el poder de construir mundos, por eso los libros son únicos, nos conectan con las grandes obras de la literatura universal y nos acercan al legado que han dejado en la cultura popular.
La literatura tradicional nos ofrece la posibilidad de interactuar con el libro, podemos marcarlo, resaltar nuestras frases preferidas o incluso tomar nuestras propias notas, lo que hace que se transforme en una experiencia personalizada.
Leer una obra literaria es una actividad donde es necesario concentrarse para seguir el hilo de la historia y tomar un descanso de vez en cuando al terminar un emocionante capítulo.
Si una gran historia nos cautiva, quizás llegaremos a estar tan inmersos en su universo literario que leerla se sentirá como un diálogo con nosotros mismos, con los personajes y con los autores. Tal vez nos hagamos preguntas como: ¿Qué haría yo si estuviera en el lugar del protagonista de esta obra? o ¿Qué final le hubiera dado a esta historia si yo la hubiera escrito?

Llegar a un universo literario es enriquecer nuestro intelecto y nuestra cultura general, porque leer en papel contribuye a mejorar nuestra comprensión lectora y hace que las historia se queden grabadas en nuestra mente.
Por otro lado, nos encontramos con el auge de los audiolibros, donde la voz de un narrador nos cuenta toda la historia. Gracias a ellos, las personas con dificultades visuales o con poco tiempo para dedicarse a la lectura han accedido a un amplio catálogo de obras literarias ilustradas de todos los géneros.
A pesar de esto, siento que hemos «perdido nuestra propia voz», esa voz que lograba darle el tono que quisiera a las descripciones de los lugares o a los diálogos de los personajes. Además, es difícil volver a leer alguna escena impactante, porque el narrador del audiolibro, al igual que la vida, continúa sin detenerse hasta llegar al final.
Ahora los libros no sólo se pueden leer, sino también escuchar, como si fuesen episodios de podcasts. Pienso que este formato ha hecho que la literatura ya no sea algo tan especial, porque pasó de ser un hábito al que se le invertía tiempo y energía a ser un sonido de fondo que se reproduce mientras se hacen las actividades diarias.
Esta edición de la FILBO 2026 nos recordó que la lectura también es un acto de resistencia frente a una sociedad cada vez más polarizada por el odio, la intolerancia y el fanatismo. Quizás ni siquiera tengamos que escoger un bando, porque en realidad no somos héroes ni villanos.
El mundo no es una película en blanco y negro, es una película impredecible llena de colores. Al final del día, las personas son libros en los que todos los días se escribirá un nuevo capítulo…
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