Mi espectro.

Mi espectro.

Williams Nuñez

13/04/2026

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Era una antiquísima biblioteca, creo se hallaba en Barcelona o Praga. Se erigía sobre una calle empedrada rodeada de farolas con tenues luces amarillas. Puertas inmensas con grabados de gárgolas con las fauces abiertas, fabricadas de madera negra de árboles quizás ya extintos, dispuestas a devorarlo todo. Estaba seguro que encontraría en sus viejos volúmenes toda la sabiduría y lo más oculto a los simples mortales cuando ví al viejecillo sentado a un costado del edificio en una vieja silla a punto de descolarse, con su bastón plateado, frente a mí, invitándome a ingresar.

“ Cuidado niño, aquí las letras y los giros idiomáticos pueden hacer de tí, un desquiciado…”

Su voz era cavernosa y me recordaba a alguien. Aún así entré tratando de recorrer con la vista la variedad libros húmedos y gastados, empotrados en estantes ruinosos sobre paredes casi cayéndose. Pero las penumbras semejaban cortinas o manos famélicas, impidiéndome ver. Por un momento me pareció estar rodeado de doncellas y ángeles desnudos, dragones y soles rojos. Esas figuras, desde la cúpula central en el salón principal, se proyectaban, no sé porque misteriosos rayos cósmicos, como fantasmas sobre el piso. Y parecían seguirme a todos lados. Ansioso de conocimiento, recorrí con mis ojos entrecerrados y mis manos temblequeantes, volúmenes rugosos, antiquísimos, grises, coloridos. Repletos de idiomas casi inentendibles y sentencias a veces oscuras. Tal vez no tan agradables a un simple mortal. No sé en realidad si transcurrieron diez horas o diez años. O un siglo.

Al salir, el resto de los edificios frente a mí eran como gigantes a punto de caer, la gente recorría el lugar normalmente sin percatarse de mi extrañeza, aferré con cierto dolor y afán, el bastón plateado, ahora en mis manos, me senté agotado cual si hubiese viajado cientos de kilómetros a través de llanuras inmensas y recorrido montañas repletas de totems misteriosos y ávidos de sangre joven y recordé la frase del anciano. La advertencia fatal.

“…las letras y los giros idiomáticos, pueden hacer de tí, un desquiciado…”

Y supe que aquella voz cascada advirtiéndome…era la mía.

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