Distopic

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Big Tony

30/03/2026

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Desconozco si esta carta llegará a tus manos o si quedará, como todo aquí, suspendida en el aire caliente que parece recordar más de lo que permite olvidar. 

He aprendido, en estos días que no sabría medir con relojes de mi tiempo, que en este pueblo el tiempo se espesa. Joder, no avanza.

Vine desde un lugar donde las ciudades brillan incluso de noche, donde la luz no conoce descanso y los nombres se escriben en máquinas que no guardan silencio jamás. 

Allí, el ayer es un archivo que se consulta; aquí, en cambio, el pasado respira, se sienta a la mesa, y a veces responde cuando una lo nombra sin querer.

No sabría explicar del todo por qué vine. En mi mundo se habla de este sitio como de una herida antigua, un punto donde la historia se quebró. Pensé encontrar ruinas, polvillo solamente, pero encontré voces… que no se resignan a haber sido dichas.

Ayer hablé con una mujer que juraba haber esperado toda su vida a alguien que nunca llegó. Me miraba como si yo trajera noticias, como si en mis ropas hubiera rastros de un tiempo más justo. No supe qué decirle. 

En mi época también esperamos, también nos engañamos con promesas que nadie firma. Cambian las palabras, pero la espera sigue teniendo el mismo peso en los hombros.

He notado algo que me inquieta más que la temperatura: aquí nadie se sorprende de la desgracia ajena. No es crueldad, sino costumbre. Como si cada cual cargara una pena tan completa que no quedara espacio para la del otro. Y

sin embargo, hay momentos —breves, casi invisibles— en que una mirada se ablanda, y en ese gesto mínimo parece sostenerse todo lo humano que aún resiste.

Pienso mucho en la distancia entre nuestros mundos. Allá creemos haber avanzado, haber dejado atrás la dureza de estos paisajes, pero al escucharlos a ustedes, comprendo que no hemos hecho más que cubrir con capas de ruido lo que aquí permanece desnudo. Ustedes viven lo que nosotros evitamos mirar.

No te mentiré: hay algo en este lugar que atrae, como si la verdad, aun siendo amarga, tuviera un peso más firme que nuestras ilusiones modernas. 

Aquí cada historia, por pequeña que sea, parece necesaria. Allá, en cambio, muchas vidas se diluyen sin dejar huella.

No sé cuánto tiempo más podré quedarme. Siento que si permanezco demasiado, empezaré a olvidar, y entonces también yo seré una voz más entre estas horribles paredes murmurantes. 

Quizás ya haya comenzado ese proceso, porque anoche soñé con una infancia que no fue mía, pero que sentí con una claridad insoportable.

Si alguna vez lees esto, no me busques. No sabrías reconocerme. Ni siquiera yo estoy segura de poder hacerlo.

Solo te dejo esta certeza: el tiempo no nos separa tanto como creemos. 

Lo que ustedes viven aquí, con crudeza y sin consuelo, nosotros lo llevamos disfrazado de progreso. Pero es lo mismo. Siempre lo ha sido.

Y quizás, en reconocimiento silencioso, haya una forma de compañía.

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