CARTA — EL HIJO QUE PEDRO PÁRAMO NUNCA RECONOCIÓ

CARTA — EL HIJO QUE PEDRO PÁRAMO NUNCA RECONOCIÓ

2 Aplausos

0 Puntos

18 Lecturas

Juan:

No sé si de veras te llamabas así, pero ese fue el nombre que dijeron cuando llegaste preguntando por tu padre. Aquí todos supimos quién eras, aunque nadie lo dijo en voz alta. En Comala las cosas se saben sin decirse, como se sabe que va a llover, aunque el cielo esté limpio.

Yo también soy hijo suyo.

No te lo dijeron.
A mí tampoco me lo dijo nadie.

Lo supe por mi madre, una noche en que el calor no dejaba dormir y los perros no paraban de aullar. Me habló sin mirarme, como si las palabras no fueran para mí. Dijo que una vez don Pedro pasó por la casa y que después de eso yo vine al mundo. No explicó más. Aquí las mujeres no cuentan las cosas completas.

Crecí oyendo su nombre en todas partes. En la tienda, en la iglesia, en el campo. Don Pedro esto, don Pedro lo otro. Era como si el pueblo entero le perteneciera, hasta el aire que respirábamos.

Pero a mí nunca me llamó.

Lo vi muchas veces. Pasaba a caballo, sin mirar a nadie, como si todo estuviera ya visto. Una vez se detuvo frente a la casa. Pensé que iba a bajarse. Me quedé quieto, esperando que preguntara quién era yo.

No preguntó.

Nomás siguió de largo.

Después supe que te habían mandado venir. Que tu madre te hizo prometer que lo buscarías. También supe que llegaste cuando ya estaba muerto, y que nadie te dijo la verdad completa, porque aquí nunca se dice todo.

Yo estaba en la plaza cuando te vi pasar. Traías cara de cansado, como si hubieras caminado desde muy lejos. Pensé en hablarte, decirte que no eras el único. Pero se me hizo un nudo en la garganta y me quedé callado, como nos quedamos todos cuando algo pesa más de la cuenta.

Luego empezaron a oírse las voces.
Primero, bajito.
Después por todas partes.

Desde entonces el pueblo ya no fue el mismo.

A veces pienso que don Pedro tuvo tantos hijos que por eso Comala se llenó de murmullos. Cada uno vino a buscar lo suyo y se quedó sin nada, y aquí se fueron quedando las palabras que no alcanzaron a decir.

No te escribo para que vuelvas.
Aquí nadie vuelve.

Nomás quería que supieras que no fuiste el único que lo buscó sin encontrarlo.

Ni el único que se quedó esperando que lo llamaran por su nombre.

Si esta carta te llega, dondequiera que estés, acuérdate de mí cuando digan que en Comala ya no queda nadie.

Quedamos los que nunca fuimos nombrados.

Votación a partir del 01/04

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS