Peleando a la contra

El golpe fue tremendo… un knock out seguro.
Por un instante me sentí campeón, dueño del mundo.
Pero en el ring nada está escrito: todo es impredecible,
y la gloria puede desmoronarse en un segundo.

Caí al suelo.
El rugido de la multitud era un trueno,
las luces me cegaban como soles implacables.
Y en medio del estruendo descubrí una verdad:
la humildad se aprende entre sangre y derrota.
Nunca rendirse. Nunca abandonar.
Derrotar al hijo de puta que osa mantenerte en la lona.

Entonces…
como poseído, me levanté.
La fuerza de mil hombres me habitaba.
Heracles se quedaba corto,
Superman, un maldito pelmazo,
el monstruo verde y furioso… una porqueria

Desde mis entrañas surgió un golpe imposible,
un golpe que quebraba tiempo, espacio y materia,
lanzado con mi mano derecha,
directo hacia mi propia mandíbula.
El fin y el comienzo en un solo impacto.

Después de eso, todo fue un enjambre de electricidad,
una eternidad comprimida en un segundo,
un mundo que implota para dar lugar a otro nuevo,
el eterno ir y venir de las olas del mar.

De repente…
solo destellos de luces y colores.
Y estoy de nuevo en la lona.

El golpe fue tremendo… un knock out seguro.
Por un instante me sentí campeón, dueño del mundo.
Pero en el ring nada está escrito: todo es impredecible,
y la gloria puede desmoronarse en un segundo.

Caí al suelo.
El rugido de la multitud era un trueno,
las luces me cegaban como soles implacables.
Y en medio del estruendo descubrí una verdad:
la humildad se aprende entre sangre y derrota.
Nunca rendirse. Nunca abandonar.
Derrotar al hijo de puta que osa mantenerte en la lona.

Entonces…
como poseído, me levanté.
La fuerza de mil hombres me habitaba.
Heracles se quedaba corto,
Superman, un maldito pelmazo,
el monstruo verde y furioso… una porqueria

Desde mis entrañas surgió un golpe imposible,
un golpe que quebraba tiempo, espacio y materia,
lanzado con mi mano derecha,
directo hacia mi propia mandíbula.
El fin y el comienzo en un solo impacto.

Después de eso, todo fue un enjambre de electricidad,
una eternidad comprimida en un segundo,
un mundo que implota para dar lugar a otro nuevo,
el eterno ir y venir de las olas del mar.

De repente…
solo destellos de luces y colores.
Y estoy de nuevo en la lona.

El golpe fue tremendo… un knock out seguro.
Por un instante me sentí campeón, dueño del mundo.
Pero en el ring nada está escrito: todo es impredecible,
y la gloria puede desmoronarse en un segundo.

Caí al suelo.
El rugido de la multitud era un trueno,
las luces me cegaban como soles implacables.
Y en medio del estruendo descubrí una verdad:
la humildad se aprende entre sangre y derrota.
Nunca rendirse. Nunca abandonar.
Derrotar al hijo de puta que osa mantenerte en la lona.

Entonces…
como poseído, me levanté.
La fuerza de mil hombres me habitaba.
Heracles se quedaba corto,
Superman, un maldito pelmazo,
el monstruo verde y furioso… una porqueria

Desde mis entrañas surgió un golpe imposible,
un golpe que quebraba tiempo, espacio y materia,
lanzado con mi mano derecha,
directo hacia mi propia mandíbula.
El fin y el comienzo en un solo impacto.

Después de eso, todo fue un enjambre de electricidad,
una eternidad comprimida en un segundo,
un mundo que implota para dar lugar a otro nuevo,
el eterno ir y venir de las olas del mar.

De repente…
solo destellos de luces y colores.
Y estoy de nuevo en la lona.

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