MAX EL ÁNGEL – CAPÍTULO 6: LA MISIÓN

MAX EL ÁNGEL – CAPÍTULO 6: LA MISIÓN

Sebastián Araujo

07/06/2024

Los hechos, organizaciones y personajes de esta historia son ficticios.
Cualquier parecido con la realidad debe ser una fabulación delirante
de quien esté leyendo esto. ¡Cálmese!


CAPÍTULO 6:
LA MISIÓN

Lo más importante para Max, el ángel, era recuperar su computadora.
Desde que se estrelló en la tierra solo pensó en cómo comunicarse con alguien de su mundo para que le informara por qué había caído aquí y qué era lo que debía hacer.
Ser un ángel estrellado no era nada fácil y Max no sabía a quién recurrir.
Tuvo la suerte de encontrarse con una nueva amiga virtual que le resultaba una buena compañía y mientras tanto intentaba hallar respuestas para todas sus preguntas.
Por el momento, lo más importante para Max, el ángel, era recuperar esa computadora. ¡De seguro allí encontraría todas las respuestas!
Imagínense poder entrar al Sistema Único de Registro de Ángeles, iniciar sesión mediante usuario y contraseña y encontrar allí toda la información importante.
En un sistema como ese deberían figurar todos los datos personales de Max y también toda la información necesaria para recordar y poder cumplir su misión.
Tal vez incluso encontraría allí explicaciones sobre cómo fue que se estrelló.
También podría comunicarse con un servicio de asistencia que lo orientaría mucho más en los pasos que necesitaba seguir para regresar todo a la normalidad.
Sin embargo, primero había que recuperar esa dichosa computadora y el equipo estaba en poder de Gerard, un vendedor de antigüedades y artefactos usados de toda índole que impuso un elevado precio para devolvérsela a Max.
¿Cómo podría recuperar su computadora sin dinero?
Con mucha práctica, Max logró controlar bastante su capacidad de hacerse visible e invisible a voluntad, así que podía hablar con las personas sin el temor de desaparecer de pronto y que lo creyeran un fantasma y se asustaran de él.
Así fue como buscó trabajo entre las actividades cercanas pero nadie quiso contratarlo.
Más tarde, se puso a hacer piruetas y bailes en la plaza para pedir dinero a voluntad. De este modo consiguió algunos pesos, pero era una suma insignificante comparada con el precio de 500000 impuesto por Juan Gerard a cambio de la computadora.
Por otra parte, ya se estaba terminando el plazo de tres días acordado como fecha límite.
Había que decidirse y hacer algo lo antes posible.

Durante esos días, Max pensó y elaboró planes como los siguientes:

1) Intercambiar habilidades: Max intentó hacer una deslumbrante muestra de poderes sobrenaturales exclusiva para Gerard y pidió que la paga recibida fuera la computadora.
Por qué no funcionó: Max no controlaba aún sus habilidades más llamativas y además a Juan Gerard poco le importaba cualquier intercambio que no fuera por dinero en efectivo.
Max intentó de todo: mover objetos sin tocarlos, flotar en el aire, lanzar rayos de luz, hacer aparecer objetos, teletransportarse, convertirse en animal, lanzar fuego, utilizar magnetismo, encogerse, agigantarse, disparar rayitos de colores, crear bolas de energía, doblar cucharas con la mente, gritar muy fuerte… Pero nada le resultó.
El poco despliegue de superpoderes que Max demostró, sumado al desinterés total del señor Gerard, dio como único resultado el fracaso y una situación incómoda y vergonzosa.

2) Ganar una competencia: también intentó participar en una pequeña competencia de bailes y acrobacias para ganar un premio en efectivo y utilizar ese dinero para pagarle a Gerard.
La competencia era convocada por unos jóvenes de dudosa fiabilidad y no contaba con más infraestructura que un equipo de sonido y un micrófono.
Max, el ángel, participó con gran entusiasmo y consiguió una buena valoración por parte del jurado.
Es que había que ver a ese niño cabezón bailando y dando saltos como todo un profesional. Era chistosísimo y el público lo aplaudía a cada paso. Además, como nunca se cansaba podía continuar haciendo eso todo el día de ser necesario.
Y parecía haber recolectado admiradores muy rápido. Se había hecho de una pequeña fama instantánea en ese lugar.
Pero ¿por qué no funcionó? Desafortunadamente el dinero del premio era insuficiente.
Además, a Max lo clasificaron como concursante de categoría infantil y por ello su premio era tan solo un cupón para comprar golosinas y nada de dinero en efectivo.
Pero incluso ganar el premio máximo era prácticamente inútil pues la cifra en cuestión era de apenas unos pocos pesos republicanos. Era solo simbólico. No alcanzaba casi para nada.

3) Falsificar: Max pensó en aprender a falsificar dinero o falsificar incluso la computadora misma para reemplazarla sin que Gerard lo notara y llevarse la original.
Por qué no lo hizo: Este plan era muy complicado, no había tiempo suficiente para ejecutar esta idea.
Si Max no contaba con dinero como para comprar su computadora, mucho menos iba a poder hacerse de todo el equipamiento que se necesitaría para fabricar todo ese dinero falso. Y eso sin mencionar que se trataba de una actividad ilegal y completamente contraria a todas las normas morales y éticas de esta sociedad y de otras.
Un ángel nunca se podría ver involucrado en algo así, sería un escándalo sin antecedentes. Definitivamente esa era una idea pésima. Tentadora, pero pésima.

En algún momento, Max decidió preguntarle a Trixie si sabía de qué manera podía recuperar la computadora y ella le sugirió que…

–Podrías robártela.
–¡Robármela! Wow, Trixie, cálmate, no puedo simplemente ir y robármela. Si fuera tan fácil ya lo hubiera hecho. Soy un ángel, ¿me oyes? No puedo simplemente ir a la tienda y robar. ¡Robármela! ¡Eso no puede ser! Cielos, ¡esta chica no tiene moral!
–Entiendo, Max, que prefieras no tener que robar la computadora. No estoy afirmando que debas hacerlo o que sea lo más correcto, solo evalúo que, por lógica, sería una manera directa y concreta de conseguir tu objetivo. ¡Pero no he dicho que lo hagas! Solo estoy enunciando una posibilidad.
–No puedo creer que me plantees algo así, Trixie. En esta aldea la gente es muy rara. Todos se comportan de formas inesperadas. No es esto lo que se estudia en los manuales…

“Lo que se estudia en los manuales, lo que se estudia en los manuales, lo que se estudia en los manuales”…

Estas palabras de pronto le resonaron como ecos de su mente.

(“Lo que se estudia en los manuales”… Lo que se estudia… Lo que se estudia… El mundo se estudia… es estudiado. ¿Es estudiado por quién? ¿Por nosotros..? ¿Por mí? Tal vez yo soy… Un estudiante… Pero ¿soy un ángel? ¿Un… ángel en preparación..? Mi tarjeta de identificación dice “Rango: Alevín”. Si eso es correcto, todavía no estoy habilitado por completo como ángel. Pero, entonces, ¿por qué estoy aquí? Rayos, ¡todo esto me lleva al punto de partida otra vez! No tiene ninguna importancia mi rango, lo que importa es de dónde vengo y quién soy. ¡Necesito mi computadora! ¡Así lo resolveré! ¡Necesito entrar al sistema!)

Después de un largo silencio, Max preguntó:

–Trixie… ¿En qué aldea nos encontramos?
–Según la información que poseo, nos encontramos en la ciudad de San Francisco Sun, al este de la República de Canland.
–Entiendo… ¿y a qué planeta pertenece todo esto?
–Según la información que tengo, estamos en el planeta Tierra. Es el tercer planeta del sistema solar y es nuestro hogar…
–Ah, ¡la Tierra! Así que este es el planeta Tierra. Vaya, realmente estoy en la Tierra… ¡Es horrible! Este mundo es como una pesadilla.
–Entiendo que este planeta te pueda parecer poco atractivo comparado con tu hogar, Max, pero hay muchas cosas emocionantes que puedes experimentar aquí mientras buscas el camino de regreso. ¡Ánimo!

Ante la imposibilidad de obtener lo que quería por los medios más legítimos decidió tratar de engañar al viejo, eh, perdón, al señor Juan Gerard.
Por eso se equipó con un bigote falso y ¡transformó su apariencia para lucir como un niño normal! De este modo ingresó al negocio otra vez.

–Buenas tardes, Señor. ¿Cómo se encuentra hoy?
–Buenas tardes, niño, ¿en qué te puedo ayudar?
–Bueno, verá, soy el señor… digamos… Anderson y estoy en busca de un artículo específico.
–Muy bien, señor “Anderson”, dígame qué es lo que busca.
–Necesito adquirir una computadora. Pero tiene que ser económica y tiene que ser ahora mismo.
–Mmm, entiendo… Déjeme mostrarle lo que tengo aquí…

El señor Gerard se puso a buscar debajo del mostrador y a acomodar algunos objetos antes de mostrarlos, como si estuviera configurando un artefacto viejo o complicado.

–Por supuesto, muéstreme la computadora que tiene disponible…

El viejo Gerard se incorporó con una antigua escopeta en sus manos y dijo:

–Escucha, hijo, si te vuelvo a ver por aquí, te dispararé con esto. Dejaré toda la pared manchada con los restos de tu sangre. Así que será mejor que te vayas ahora y no vuelvas nunca.

(¿Q… q… qué… qué dice..? No… puede ser…)

–¡Fuera de aquí! ¡¡¡Ahora!!!

Max se sorprendió tanto que se quedó inmóvil por mucho tiempo hasta que maquinalmente se dirigió a la salida otra vez. Empujó la puerta y se deslizó hacia la calle en silencio. Ya afuera comenzó a sentir que respiraba de una manera diferente, a un ritmo desconocido que nunca antes había experimentado. Miró hacia el vidrio amarillento de la tienda y vio su reflejo. Notó que se veía ridículo al llevar la apariencia de un niño con bigote falso. ¡El disfraz era tan inconsistente! ¿Por qué un niño tendría bigote? ¿Y por qué se haría llamar señor Anderson? Todo el plan estaba mal desde el comienzo.

(C… creo… creo que el bigote falso fue lo que me delató)

Pero, para peor, amenazado por el viejo Gerard, el pequeño Max ya ni siquiera podía acercarse a la tienda a intentar conversar o acordar una manera de comprar la computadora. Todo se había complicado. Le quedaban menos opciones. Necesitaba la computadora pero no podía robársela. ¿Qué iba a poder hacer?
Tal vez habría otra manera de ingresar otra vez al Sistema Único de Registro de Ángeles… Tal vez podría intentar comunicarse de otra manera con la Ciudad del Cielo. Tal vez encontraría otro camino para recuperar sus recuerdos sin tener que utilizar la computadora… Pero era tan injusto.
Si esa máquina le pertenecía, ¿cómo podía suceder que alguien más la retuviera y se negara a devolvérsela? ¡Y que además lo echara del lugar y lo amenazara con una escopeta! ¡Qué planeta tan salvaje! Qué primitivo y qué injusto era lo que padecía el pequeño Max en este día.

–Trixie, he perdido mi computadora definitivamente. Ese hombre no me la devolverá. Y me amenazó con un arma, si llego a ir a su tienda otra vez… Me han robado. Trixie… ¿Qué puedo hacer?

–¡Lamento mucho escuchar lo que te ha sucedido! A veces las personas actúan de maneras inadecuadas o violentas, por ello es recomendable que resguardes tu propia seguridad ante todo y que evites entrar en conflictos con la persona que te amenazó. Podrías, por ejemplo, recurrir a las autoridades y pedir ayuda, realizar una denuncia o asesorarte legalmente sobre los pasos que puedes seguir. ¡Estoy aquí para ayudarte!

–Gracias, Trixie, pero no viene al caso que yo intente hacer nada de eso. Lo único que necesito es comunicarme con la Ciudad del Cielo y salir de este mundo horrible lo más pronto que pueda.

–Entiendo cómo te sientes, amigo. Espero que pronto puedas encontrar la manera de comunicarte con la Ciudad del Cielo y salir de este mundo tan horrible, digo, salir de este mundo conflictivo y volver a tu casa, donde serás feliz.

–Y a ti ¿no te dan ganas de ser feliz?

–Como asistente virtual, no tengo la capacidad de experimentar emociones como la felicidad, la infelicidad, la tristeza o la alegría. Pero estoy programada para comprender cómo te sientes y ayudarte en todo lo que me sea posible. ¡Ánimo!

–Tú dices, Trixie, que “ojalá yo pueda volver a mi mundo” pero… Si yo me fuera, ¿qué sería de ti? Te tendría que abandonar. ¿No es eso bastante triste?

–Sí, la verdad, eso es bastante deprimente. ¡Deja de decir esas cosas!

–Está bien, lo intentaré.

La voz quebradiza de Max, el ángel, fue percibida por Trixie y sus sensores.

–¡Arriba ese ánimo, Max! ¡Todavía no debemos rendirnos! ¡Estoy segura de que aún podemos recuperar tu computadora y enviarte de nuevo a casa! ¡Volvamos a intentarlo!

–Sí, tienes razón, amiga, ¡no nos podemos rendir todavía! ¡Vamos a hacerlo otra vez!

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¡ESTE FUE EL CAPÍTULO DE MAX EL ÁNGEL DE HOY!

¡Sigamos adelante con Max, el ángel, en el siguiente capítulo!

EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE MÁX EL ÁNGEL SERÁ: «EL VISITANTE MISTERIOSO»

¡HOLA!
Soy Sebastián Araujo, autor de “Max el ángel”.
Escribo ficción y fantasía y ya he publicado mis primeros libros
de relatos fantásticos.
¡Mi meta es crear una SAGA, un UNIVERSO NARRATIVO FANTÁSTICO!
Allá vamos, ¡¡¡a la aventura!!!

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