Soliloquio a la ansiedad

Cuando la ansiedad susurre y recorra tu piel, cuando el aire arda dentro de tu pecho, cuando la voz de tu mente nuble el cielo con feroces discursos, en ese momento cierra tus ojos, lleva tus manos al pecho y recuerda el lugar en el que más has sido feliz, obsérvalo detenidamente y reconstruye los momentos exactos que te hicieron amar ese lugar, percibe los olores que yacían ahí, y dibuja a la persona que más te ha dado paz. Recuerda su rasgo más característico, ese que siempre solías notar; camina hacia ella hasta llegar frente a frente, tómale de las manos, acarícialas y bésalas, observa detenidamente sus ojos hasta que recuerdes cómo era sentir paz. Despídete con un beso, abre los ojos, camina hacia el espejo más cercano y ve tu semblante, desde ese momento, la persona que más te ha dado paz, vive en tus ojos.

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