La vida ordinaria de un panadero ordinario

La vida ordinaria de un panadero ordinario

cuchis0

20/08/2023

A las 5 de la mañana de un día lunes se levantaba un hombre. Un panadero. Un panadero del que no se sabe nada. Solo tiene su puesto y ya. Quién sabe desde cuándo está ahí. Su identidad es un misterio. Solo es alguien que cumple con su labor de proveer pan. Y a las 5 de la mañana de un lunes está él solo con sus pensamientos. Pensando en cuánto venderá, quizás. O a quién conocerá. Nadie lo sabe. Solo en su habitación, se prepara para cocinar. En su armario espera su delantal, empolvado de harina y con una mancha negra donde alguna vez le cayó fuego. Ya con la ropa puesta, se dirige al baño para lavar su cara y manos. En la cocina, ya están todos los ingredientes afuera, listos para ser usados. Saca la batidora de su despensa y la lava para sacar todo el polvo. Dentro pone 10 kilos de harina, seguidos de 6,5 litros exactos de agua con levadura. A pesar de que el agua está hirviendo, las viejas manos del panadero ya no sienten las altas temperaturas. Con la ayuda de la máquina, amasa el pan. Es un movimiento lento y monótono, que tranquiliza al panadero. Mientras el pan gira en la batidora, agrega poco a poco unas gotas de aceite y dos pizcas de sal y azúcar. Todo esto puede parecer aburrido y repetitivo, pero a nuestro panadero le encanta hacer pan. Podría hacerlo por horas. Cuando tiene la masa lista, la estira en la mesa ya limpia y empieza a amasar. Al ser una gran masa, toma su tiempo, pero al cabo de unos minutos el pan ya está listo. Lo deja en un recipiente aparte y espera unos 15 minutos para que el pan crezca. Por mientras saca la masa de galletas que había dejado congelando la noche anterior y las pone en una bandeja para poder cocinarlas. Siempre hay niños que quieren galletas. En ese rato, la masa ya había crecido. El panadero, complacido por su trabajo, amasa nuevamente el pan para que quede esponjoso. Y ya estaba. Corta la gran masa de pan en muchos bollos chicos y los mete al horno por unos 20 minutos. En ese tiempo debe abrir la tienda, ordenar la cocina y poner todo en los mostradores. Él vende una gran variedad de tartas, bollos y dulces, pero nada superaba a su pan. A decir verdad, el pan no tiene nada de especial. Cualquiera lo puede hacer en su casa. Pero nadie era tan sacrificado como el panadero como para levantarse a hacer pan. Cuando tiene todo listo, abre la tienda. Como siempre, hay una fila de gente esperando el pan. Él saca el pan del horno. En efecto, está perfecto. Crujiente por fuera y suave por dentro. Siempre que llegaba con el pan la gente rebosaba de alegría. El panadero estaba feliz de su trabajo.

Nadie se preguntaba quién era este misterioso panadero. Él solo era el panadero y ya. Amaba su trabajo. Hay gente que lo encontraría aburrido, pero para él ya era costumbre. Era su vida. Su vida simple y ordinaria.

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