Le nozze di Figaro. Mozart.

Le nozze di Figaro. Mozart.

María Pérez

12/05/2022

«Contigo todo suena a música», dice la canción de Mocedades, el caso es que ayer vi Las bodas de Figaro, de Mozart, en el teatro real de Madrid, y todo fue música, todos fuimos musica.

Entré pronto y aproveché para leer el librillo preparado por el director artistíco del teatro real, Joan Matabosh.

Y ahí estaban Mozart, su letrista  colaborador, Lorenzo da Ponte,y el autor del libro en que se basa la ópera, Pierre Agustin Caron de Beaumarchais.

También estaban ahí los años 1785 en Francia, el emperador José II en Austria, el conflicto amoroso acechando constantemente, la lucha de clases, la autoridad y la ideología enmascarada, todos ellos elementos al servicio del arte , como juguetes para el artista creador, el artista intérprete,  con el fin de hacernos disfrutar y hacernos reir.

Todo fue mùsica, tres horas y media de espíritu italiano, en instrumentos, y en un director, con una enorme responsabilidad transformada en un largo éxtasis, a juzgar por su cara, sus manos, su cuerpo de muñeco entregado al juego del niño,  que sin duda conoce el secreto, el misterio de aquellos órganos humanos que no se estudian en medicina, su alimento y su fantasía. 

Mozart, estábamos todos con Mozart, y él estaba con nosotros. El eterno chiquillo, risueño, alegre, burlón,niño genio, niño monstruo. No tiene edad, no tiene naciòn, no tiene límite, sólo es bello, bueno y auténtico. 

La acción se desarrolla en Sevilla, en el castillo de Aguas Frescas, propiedad del Conde Almaviva, y aquí de nuevo la idea y sueño de España y de los españoles imaginada desde fuera.

Los artistas todos maravillosos, compenetrados, inmersos en el océano bufón en el que Mozart les había metido.

Sin embargo destaco a la condesa, por su magnífica intepretación de dolor contenido, a Cherubino, por su posición difícil dentro del enredo, y al alter ego de todos ellos, el ángel, el único personaje mudo y a la vez consciente de la fragilidad disfrazada de deseo.

Sí, tres horas y media para sonreir.

Por dificultades técnicas, adjunto el archivo youtube reproduciendo «La marcha turca», que tiene también mucha gracia.

Abrazos. 

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