Mi querida Carla:

Hoy mis ojos presencian un nuevo amanecer. La noche se desdibuja y el paisaje me trae tu recuerdo. Tus ojos teñidos de un azul infinito como el cielo, tu sonrisa desbordante como un aguacero en verano, tus manos suaves como la hierba de la mañana.

Te echo de menos, aunque creo que eso no te importa ya. Te fuiste una fría mañana de abril, ligera de equipaje. ¿Acaso pensaste no alejarte demasiado?

A cada paso que dabas,  mi corazón se quebraba un poco más, como trozos de cristal.

Perdóname, yo fui la causa de ese desamor.

El carmín de mi camisa me delató. ¡Vaya un tópico!

Pero tú, dudando del destino, bajaste la mirada y mi corazón enmudeció.

PD: Siempre te quise a pesar del carmín que enturbió nuestros corazones y ahora en la distancia te siento cada vez más cerca.

Te quiere

Samuel

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS