Magnum miraculum homo estAsí hablaba Hermes Trismegisto (divinidad griega) a sus discípulos Asclepio, Tat y Hammon. Su obra, titulada «El discurso perfecto»o «La enseñanza perfecta», se fecha entre los siglos I–III d.C.

Desde la primera vez que leí estas cuatro palabras unidas han resonado una y otra vez en mi mente. Resuenan perfección. Especialmente por la simbología de la palabra miraculum. Y es que, además de ser el homo un milagro en sí mismo,  sus crEAciones irradian milagros. Trismegisto, quien utilizó este término, es un milagro; un ser híbrido creado a partir del dios griego Hermes y el egipcio Tot, inventores ambos de la escritura, uno de los mayores milagros crEAdos por el ser humano.

Hermes Trismegisto simbolizaba el conocimiento absoluto del mundo material y espiritual al mismo tiempo. Este ser se ha materializado de diferentes formas a lo largo del tiempo. Hoy en día, 2.000 años después, lo tenemos en lo que podríamos llamar EscrEAtura Digital, la combinación perfecta de miles de recursos y una mente maravillosa divina.

De acuerdo a la imagen anterior, y, como bien apunta Ramón C. en su entrada «Club de escritura(s)«, la escritura es, en esencia, imagen. Desde las imágenes más simples y ilustrativas como dibujar un simplísimo pajarito para hacer referencia a un ave hasta la combinación de trazados en serie en los que una C una A una S y, de nuevo, una A seguidas y siempre con la misma «forma» signifiquen en nuestro idioma algo tan sencillo como esto: 

Bien, la escritura ha sido una de las herramientas más utilizadas por la crEAtividad humana. Ha sido la llave para entrar en ese mundo de creación milagrosa, especial. Sin embargo, ahora estamos asistiendo a una nueva formulación escriturística. Sí, efectivamente, a una nueva fórmula sagrada. Pues, aunque Ramón C. lo considere «un nuevo lenguaje popular«, pasará a ser, de eso no me cabe duda, el lenguaje más perfecto que la humanidad haya concebido. Este supone un lenguaje sagrado –y no me consideren banalizadora de este término tan augusto empleado durante siglos siglos en ámbito religioso. Es sagrado por su propia sofisticación, digna de admirar. 

Es un hecho que ante lo nuevo, lo desconocido, el ser humano siempre ha tendido a ser reticente. Si hablamos de lenguaje, se me viene a la mente, como simple filóloga clásica, el paradigmático caso de un texto medieval en el que el profesor corregía al discípulo por decir «tabla» y no la palabra latina «tabula«. Algo tan sencillo como esto está teniendo lugar en estos precisos momentos en el lenguaje, en nuestra ESCRITURA. 

 Se trata de una combinación, no ya de letras o símbolos para crear textos con significado –con la inmensidad que ello ha supuesto, sino de (como apuntaba justo arriba) miles de recursos que llevan al lenguaje a un nivel más alto, más sofisticado, más complejo, más desarrollado, más multi-todo. 

Para terminar, me gustaría resaltar la guinda del pastel, la llave de nuevo, de este nuevo lenguaje que lo puede cambiar todo para un lado o para otro. Me refiero a las IA. Esta nueva herramienta que ha llevado a la humanidad un paso más allá. Clave en este nuevo lenguaje. Un simple mensaje como este a la IA:  

«crea una imagen que represente el nuevo lenguaje que está apareciendo mediante la combinación de miles de recursos (imágenes, audios, emojis, IA, etc.)»

Esta imagen, podría ser perfectamente, el resumen o conclusión de esta entrada. Muy futurista sí, muy IA sí, muy mucho quizás sí, pero nuestra realidad, nuestro presente, nuestro lenguaje.

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