La educación, la juventud y la novedad

La educación, la juventud y la novedad

Alberto Pacheco

10/08/2020

Como decía mi señor padre: -“Traigo ganas de contarles”-, y es que quiero hablarles como él por una razón muy sencilla, aunque seré más breve, quiero hablar como él por ser de entre los letrados, el hombre más educado que he conocido. Frustra saber que anteriormente el joven crecía en un ideal de la disciplina que ya no conozco hoy día. Lo sé, fui parte de esa juventud que no correspondió correctamente en alguna ocasión a sus maestros; les levanté la voz, o los contradije por no sentirme en comodidad. Así también a mis padres, pero agradezco su benevolencia, porque me enseñaron que con suavidad podía darme cuenta de mis fallos y comprender quien había sido el animal. La educación es uno de los factores que más influye en el avance y progreso de personas y sociedades. Además de proveer conocimientos, la educación enriquece la cultura, el espíritu, los valores y todo aquello que nos caracteriza como seres humanos. Así como la gente de la que mi padre formaba parte, aunque ahora él transita en otras dimensiones, su legado se hace en el momento que comparto esto que el practicaba, con ustedes, compañeros humanos.

La juventud siempre ha sido importante para el desarrollo, pero ha adquirido mayor relevancia en el mundo de hoy que vive profundas transformaciones, motivadas en parte por el vertiginoso avance de la ciencia y sus aplicaciones, así como por el no menos acelerado desarrollo de los medios y las tecnologías de la información, ¿Quiénes sino nosotros aun jóvenes somos la unidad responsable de lo que traerá el día de mañana?

Muchos no lo notan pero las malas decisiones que nosotros tomamos afectan a toda la comunidad, no solo a los que se sienten fracasados, porque sin quererlo entramos en la sociedad y la sociedad es conjunto, no individualidades. La importancia de la juventud es algo que todo gobierno y sociedad tendría que tener en cuenta. Los líderes, lideresas, empresarios, empresarias y obreros y trabajadoras. Haremos por hecho el mundo en el que viviremos mañana. Por este motivo, invertir en la juventud es invertir en el futuro. ¿Qué mejor inversión que educarnos?, nos gusta quejarnos de lo mal que esta el país ¿verdad?, pero ¿qué mejor manera de cambiarlo?

Ya no escuchamos de disciplina, somos flojos y gustosos de lo cómodo, lamentablemente, es la bandera de la sociedad actual, antes, el estandarte de la sociedad era el “ser”, ahora la bandera es el “tener”; recuerdo a mi madre contarme de más niño los muchos negocios que mi padre no hizo, que rechazó, por el hecho de atentar contra su ser moral y social; aunque hoy día, solo le llamarían cuello.

Mi madre decía que él le contaba: -“tengo basura en los bolsillos, puros trozos de (y decía una palabra soez) papel pintado, pero tengo riqueza en mi vida, en mi mente deseosa de seguir mejorando, aunque me vuelva un pellejo que camina”-. Ahora las cosas no son así, el joven se ve limitado a realizar sus metas dentro de una organización social que cree correctas ciertas tonterías, como que es sano para el estudiante divertirse donde puede perder la vida, convirtiéndose en una máquina que debe cumplir disciplinada y mecánicamente con sus papeles sociales para así lograr sus metas, tener y tener más que lo que tiene el vecino.

Mi visión es que la modernidad sea un retorno a lo anticuado, ¿Por qué no?, siempre como hombre he odiado que las modas vuelvan, ¿Por qué no vuelven las buenas costumbres?, ¿Por qué no vuelve la sociedad que pensaba en el ser?, el joven que se retaba a superarse y si era pobre, pero rico en mentalidad, pues había sido exitoso.

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