Es otro día en la vida de Eduardo, sin mucha novedad, sin un camino definido, solo con distracción como énfasis, lo más llamativo y nuevo es su nueva compañera que usa lentes oscuros a donde vaya, es una rareza pero algo tiene, algo que lo llama hacia ella, ¿será curiosidad por sus ojos?, ¿habrá sido su personalidad? o ¿quizás se habrá enamorado?, no ha hablado con ella ni una sola vez y solo en la distancia la ha visto, cómo podría haberse enamorado, entonces de improviso la saluda y aún no sabe como pero terminaron almorzando, se percató al instante de sus torpes movimientos y que la ceguera inundaba sus ojos, para ser una sorpresa ésto no le importó en lo absoluto y siguieron con el plan de ir a comer juntos, era una mujer hermosa y al momento de elegir los platos se sirvieron lo mismo, pero la curiosidad por sus ojos era mucha, entonces le preguntó «¿me permitirías ver tus ojos?», para su sorpresa dijo que no había problema pero por dentro ella tenía miedo de su reacción, entonces y con ambas manos acariciando sus mejillas hasta llegar a sus lentes, se los quitó de su rostro, dejando ver unos ojos tan blancos como la luna en una noche sin estrellas, y la respuesta al interés de Eduardo se aclaró, no era curiosidad, era amor de verdad y a la vez hermoso.
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