Amanece,
Y la luz del sol irradia entre los renglones
de esta nuestra oscuridad.
La habitación nos habla del pasado,
nos desata el presente,
y va desvelando el futuro.
Una caricia se hace leve entre en las mejillas.
Un momento que viene y va.
Y el reloj sigue contando hacia adelante.
Te miro y todo desaparece a mi alrededor.
La inexperta soledad de un corazón roto,
se despide sin decir adiós.
Con mas incertidumbre que privacidad.
Con mas deseo que cordura.
Todo en crescendo.
La oportunidad que antes dormía,
ahora tambaleosa une nuestras manos.
Y sé que esto es fugaz,
pero también sé que no es final.
Pues el miedo a tantos pasos,
me hace llorar.
Mis suspiros dejan al descubierto
lo que llevaba tiempo sin sentir.
La mirada se pierde entre los muros
de este pequeño lugar.
Respiro sin conciencia,
y mi piel sigue oliendo a ti.
¿Cómo entonces puedo olvidarte?
Si te tengo tan cerca.
Si en realidad sé que no quiero.
No sé el destino de esta historia.
Pero si sé que quiero escribir sus caminos
con mi tinta y tu papel.
Porque incluso sin planes,
todo esto ya está mereciendo la pena.
Porque aunque la vuelta sea dura
y los días sin verte duelan,
no dejaré que me supere la impaciencia.
Ni hasta la última gota
de este perfume tuyo
dejará de importarme.
Como un pez necesita su agua,
como un pétalo crece en su flor.
Podría seguir volando sola.
Pero cuando un pájaro encuentra su otra mitad,
ya nunca más quiere batir solo sus alas.
Eso es lo que siento yo.
Y aquí,
mientras te dedico estas letras,
sigue amaneciendo
y tu ya no estás…
Como un día nublado.
Fiel y frío.
En soledad.
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