Espiritus se anclaron en la noche dormida.
el viento rugió, y las hojas tristes volaron sobre mi cabeza, me tendiste entre las nubes, luego, tu imagen se desvaneció y mi caída fue furiosa y repentina.
La angustia me envolvió con su manto invisible, y la ausencia pronunció tu nombre entre cavernas.
Entre extrañas tierras se plantó el alma agitada de pasión, y la tierra me alejó de su calidez eterna.
El fugaz sueño murió, y mi cuerpo latigado por sombras desconocidas se fundió somnoliento.

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