
Matias se llamaba el mal nacido con todas sus letras, se crió junto a mi en el barrio, literalmente junto a mi sin ser mi hermano, es que los edificios dónde vivíamos eran tan pequeños que tu vecino era parte de la familia, conocía todos tus secretos, tus pasos e incluso mucho más de lo que tu mismo sabías sobre tu propia casa, Matías y yo éramos vecinos, dos familias muy distintas mientras el tomaba té con galletas, yo a duras penas contaba con un vaso de agua, si es que mi padre no lo había desperdiciado la noche anterior tirándolo contra una pared como solía hacerlo.
Matías tenía todo, debo reconocer que lo envidiaba y el lo sabía y me lo hacía saber así sin más, pequeños éramos y ya mostraba una maldad innata, llevaba un par de días sin comer y el lo sabia, lejos de conocer el hambre, jugó con eso sin dudar, en una discusión en la calle por un simple juego de pelota, me humilló y tiro su trozo de pan que derramaba una pasta sin color lejos de verse apetitosa, la tiró ahí aún charco de agua enlodada, en ese momento no sabía que me dolía más, si la humillación por sus palabras delante de mis amigos, amigos que por lo demás poco honrosa dejaron la palabra o me dolía el hambre y las ganas de arrojarme a ese charco de lodo, y de una mascada terminar con aquel pan que ni valor tenía, ya desde un principio, sentia tanto odió hacia el en ese momento, solo comparado a aquel día que papá quemó mis manos, por robar manzanas en el mercado, historia ya creo a ver contado, necesito una puta escusa pensé un día, ya mi cabeza de 8 años pensaba más rápido que los de más y que de mí mismo, después de eso, solo me aleje, siempre lo vi disfrutar de privilegios, después de los 10 años ya no me importaba, la vida había sido dura conmigo y yo era dura con ella, rencor creo se llamaba ese sentimiento, tan mal manoseado por gente hipócrita, rencor se llamaba lo investigue, jamás me quede con una pregunta sin investigar, a pensar de todo sabía que me estaba poniendo un disfraz, ese no soy yo me decía a mí mismo, pero me resultará bien el papel.
A los 10 años hacia mi propio dinero, nada que envidiar a ese tal Matias, nunca lo olvidé si solo necesitaba una excusa, me enteré que pertenecía a una banda de delincuentes, que atracaba en efecto de pastillas, eran desastrosos sus asaltos, no existía uno que no tuviera por delante sangre derramada, Matías era el más violento, no le encontré nunca una explicación, ampones viejos me decían, hay dos tipos de ladrones en la vida, el que robo por qué si no de hambre moriría, y el tipo estupido que solo quería ser una mala copia de película de gánster, ooh que se aprende con la vieja escuela, es que de alguna forma los códigos se respetan entre gente que nunca quiso ser, pero le quedó muy bien el papel, los años pasaron no supe más de el, conocí a una chica, la mas hermosa y tierna en el barrio, felicitaciones recibía por magna mujer a mi lado, la amaba, la amo en realidad, es el respirar que amargaba mi falta de inspiracion, es quien yacía junto a mí ya hace 20 años, historia vieja para estas alturas. Los años pasaron éramos jóvenes, yo cumplía mis 18 mayoría de edad, habituado al habitado ya estaba en aquel entonces, la juventud desenfrenada salía a chorros por mis poros, fiesta en la sede del barrio corrían la voz, dos semana duro tamaña publicidad para el evento, todo mundo asistiría, nunca me imaginé que Matías podría estar hay esa noche, lo vi y el odió volvió en mi, solo necesitaba una excusa, que cruel persona llegue hacer ahora digo, pero vuelvo a reflexionar y llegó a la conclusión que un bastardo como el no podía estar en este mundo, solo una excusa necesitaba, mire a mi compañera muy guapa se veía, aquel día la mas atractiva del baile era ella, era imposible que el no la notará. Podía ser yo tan vil y usarla de carnada, sería la excusa que necesitaba, algo en mi entro en discusión, acaso estás planeando caer en la cárcel, después de todo sería mi primer delito comprobable, tres años y un día pasan volando me dije, pero él lo valia, otra pregunta caía en mi, mientras admiraba a mi señora moverse por la pista sola, pero acompañada de las miradas más indecentes que había visto, ese lugar era lúgubre, la gente que hay estaba olía a calle, lejos de entender eso, yo hacía tan bien el papel que hasta el olor ya había adquirido, pensé «lo pondré a prueba haber qué tan bastardo puede llegar hacer», llame a mi lado ami compañera y le conté lo que odiaba a ese hombre y que necesitaba una excusa, ella siempre fiel e incondicional, aunque siempre supe que le seducía mucho escucharme hablar como gánster, ella accedió al plan y sin perder tiempo coqueteo con una mirada, como era de esperar el cayó cómo cualquiera lo hubiera echo, no lo culpo, através de mirada se hablaron, mi compañera es experta en eso, sobre eso de la seducción, con miradas lo llevo detrás, un imbecil se cruzó en mi camino, me hizo retrasar, cuando llegue el ya había rasgado su vestido, saque el arma calibre 38, que había adquirido en un lugar habitado como era habitual, tire el gatillo y mi mente quedó en blanco, el destello de la pólvora enseguecio mis ojos, los ojos de ella se enseguecieron con la sangre que saltó de la cabeza de Matías, esa cabeza que nunca uso, igual que yo hasta ese dia, cuando por mi cabeza me dije, tranquilo si total 3 años y un día pasan volando.
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