Nunca lo abría imaginado, ¿pues de que manera?, tan real, tan humano, tan amigo.
Estoy encadenado a vivir con esta experiencia escalofriante, luego de tanto tiempo aun no puedo imaginar cómo pude sobrevivir a aquello. Admito no tener una buena memoria, pero jamás eh de olvidar lo ocurrido, atormentándome noche tras noche en mis sueños, o que más bien llamaría pesadillas; esa escancia que aun me persigue, que, antes podía estar tan tranquilo, pero al conocer la verdad, no eh podido ser libre nuevamente.
Recuerdo aun tan frescamente aquella tarde de verano del 98, un calor agradable al ocultarse lentamente el sol, la calle tan solitaria como mi infancia, las personas paseando en raras ocasiones; no era un vecindario muy feliz. Tenía yo 8 años, un niño como cualquiera físicamente hablando, pero tan solo, tan ignorado y no apreciado por los demás niños, nadie quería acercarse a jugar conmigo y las niñas se burlaban de mi por lo que ellas llamaban ‘’extraña apariencia’’. Me encontraba algo solo, sin amigos, con familia pero algo desatendido; solía jugar solo entre los arboles, en un pequeño bosque frente a mi casa cruzando la calle; tenia ahí un escondite que por supuesto, solo yo conocía.
Una tarde antes de volver a cenar, me encontraba en mi lugar favorito, cuando de pronto escuche como si algo se moviera de entre los arbustos, pregunte nerviosamente quien andaba por ahí, nadie respondió, el ruido seso pero al cabo unos minutos volvió a aparecer, pregunte de nuevo un poco mas enérgico y nervioso; entonces, apareció un niño, un niño de mi edad, pequeño, algo escuálido, pálido pero sonriente. Solté un respiro hondo al ver que solo se trataba de él, lo salude y me saludo amablemente, me pareció muy agradable a primera vista; le pregunte de donde venia, donde vivía y que hacía por aquí, pues nunca lo había visto, a lo que él respondió que vivía del otro lado del bosque, este también era su lugar secreto solo que no había podido regresar.
Ambos nos preguntamos todo sobre nosotros, nos agradamos mucho y decidimos formar nuestro propio lugar secreto. Nos volvimos mejores amigos.
Sonara tonto e ilógico, pero debo admitir que jamás conocí a los padres de Esteban, extraño fue que nunca me intrigue por ello hasta que supe la verdad.
Todo marchaba bien entre nosotros, lo extraño era que el rechazaba mis invitaciones para ir a cenar a mi casa, mi madre me lo sugería, pues sabía que no tenía ningún amigo y no había tenido uno en un par de años. Esteban siempre tenía una razón o excusa para zafarse de mis invitaciones, yo jamás me moleste, solo me era extraño. A mi madre no le intrigo la ausencia de esteban, pensaba que eran cosas de timidez como me solía pasar a mi; como mencione era algo despreocupada así que no se mortificaba en contactar con los otros padres. Incluso, en ocasiones parecía que mi madre me ignoraba respecto a él, a lo que hacíamos y jugábamos, sentía su mirada con algo de preocupación y/o angustia.
Una de las tardes en que yo y esteban nos encontrábamos en nuestra guarida, lo note algo extraño, ya había pasado algo de tiempo desde que nos conocimos, pero al parecer solo existíamos el y yo, puesto que ni mi madre se mostraba interesada, como mencione, más bien lucia desesperada, puesto que en varias ocasiones la descubrí llamando al centro psiquiátrico, encontré números de doctores para ayuda psicológica, etc. Pero por supuesto, yo no lo entendía.
Pasaba el tiempo y nadie quería conocer a mi único y mejor amigo, ni él quería darse a conocer, cada noche que nos despedíamos el caminaba solo por todo el bosque, no sabía yo como eso no le asustaba, ya que yo solo debía cruzar la calle. Pese a su actitud extraña, yo apreciaba mucho a esteban, el me entendía y éramos muy parecidos todo iba muy bien.
Recordando todo ahora, me da algo de nostalgia, pues él era un buen chico, aunque no eh podido superar todo aquello que viví.
Pasados los meses de conocernos, mi madre empeoraba, refiriéndome a que seguía atormentándome con las visitas al psicólogo, y ahora si un iteres exagerado sobre esteban. Habían pasado ya 5 meses de conocer a mi amigo, mama preocupada llamaba a la abuela contándole de mi problema, por supuesto yo moría de coraje al hacerla entender cientos de veces que esteban era real; todas las noches surgían discusiones, riñas y llantos. Esteban ya se mostraba diferente, inexpresivo más de lo usual, al contarle yo sobre esta situación él me consolaba, decía que la gente nunca lo apreciaba, que no tenía amigos y que lo veían como algo extraño, una descripción tan familiar para mí porque así me veían siempre.
No podía escapar de la escuela, de las burlas y presiones de mis compañeros y maestros, diciéndome que era un retrasado, un niñito por tener amigos inexistentes, que nadie me querría y había terminado loco. Todos los días después de clases yo buscaba a esteban en nuestro escondite, el jamás faltaba, salvo estos últimos días que me dejaba algo solo, o se comportaba de una manera tan extraña y fría. Yo me molestaba con mi madre pues estaba arto de sus tratamientos psicológicos, sus charlas y los sermones de la abuela que se había mudado por lo sucedido. Yo me desahogaba con esteban, el me decía cosas extrañas y diabólicas, decía que no tenia porque seguir lidiando con mi familia, menos si no querían que tuviera amigos o no creían en ellos; Esteban, en ocasiones me asustaba, pues tenía ideas algo escalofriantes.
Pasaron unos 2 años, todo estaba innombrable, creí que todo había cesado, los medicamentos, el psicólogo, las riñas de mi madre y mi abuela para conmigo y las descabelladas ideas de esteban; pero no era así.
Había cumplido ya 10 años, seguía viéndome con esteban, no había conseguido tener otro amigo o amiga, si algo seguía igual era mi dificultad para conocer gente. Una noche algo extraño paso, esteban dejo de ir al fuerte, ya no me llamaba y no podía encontrarlo. Me acosté a dormir, era una fresca noche de otoño, era casi de madrugada, a punto de cerrar mis ojos, escuche unos quejidos extraños, lo ignore, pues pensé era el viento. Pasaron unos minutos, la habitación estaba en silencio, oscura, salvo por un pequeño rayo de luz que entraba por la ventada debido al alumbrado de la carretera; no me sentía solo en esa habitación, una malvada sensación recorría mi cuerpo, alguien mas estaba con migo esa noche y yo lo sabía. Acostado en mi cama, tapado hasta los ojos, sudaba del miedo que recorría mi columna en forma de escalofrió intenso que calaba hasta mis huesos. Una respiración se acercaba cada vez más a mi oído, mi corazón saliéndose de mi pecho, el sudor recorriéndome la frente y el escalofrió atroz recorriendo la columna.
No soporte mas, me arme de valor, quite las sabanas y cuál fue mi sorpresa al ver un espectro viejo, decaído, ojeroso, pálido y con sus manos extendidas hacia mí, sin parpadear, parado justo a mi lado viéndome con sus ojos inyectados en sangre.
Mi voz se atasco, no podía quitarle la mirada d encima, hasta unos segundos que me fueron eternos recobre el aliento y pregunte eufórico que había pasado, quien rayos era esa persona; Yo, petrificado del miedo, del asombro y de la incredulidad no podía creer, grite que todo era mentira, con todo el valor que pude juntar ignore al fantasma cubriéndome por completo con las cobijas, mis ojos apretados bruscamente deseando que se acabara aquella pesadilla. El miedo me venció y caí desmayado, desperté al día siguiente mas no sin olvidar nada de lo ocurrido; me dispuse a buscar a esteban, no para contarle si no para descubrir que ocurría, atravesé la carretera sin fijarme, no me importo, corrí despavorido, llegue al lugar secreto, no había nadie, corrí, atravesé el bosque hasta llegar al otro lado donde había unas cuantas casa pequeñas y ligeramente descuidadas. No estaba seguro cual era la casa de esteban, ya que nunca en los años de conocerlo lo mencionó, revise las 4 casas que había, nadie supo decirme quien era esteban, nadie vivía ahí, ningún niño, solo gente descuidada. Regrese a mi casa, decidido a investigar sobre mi amigo. Conté todo a la abuela, pues era la única en casa, le conté de esteban, del escondite, de cuando lo conocí, las ideas malas que él me sugería en fin, todo hasta el día de ayer que vi a aquel fantasma. Mi abuela escucho atenta y me ayudo, creyó en todo lo que dije, dijo que, siempre le había parecido sonante el nombre de esteban, pues ella tenía una amiga que había perdido a su hijo el cual llevaba el mismo nombre.
Yo quede perplejo y ese escalofrió infernal me invadió de nuevo, sentí un vuelco en el corazón, pues ya todo tenía sentido, pero un horrible sentido. Afortunadamente la madre de esteban aun vivía, era ya una anciana, una anciana de las que me había encontrado en las casa del otro lado del bosque, la que no me permitió cuestionar nada. Volvimos a ese lugar, la vieja reconoció a mi abuela y le permitió pasar; ya dentro, en una casa peculiarmente macabra, con poca luz y algo descuidada, nos conto sobre esteban mientras yo moría de asombro.
Esteban había muerto a los 8 años en los años 40 en aquel lugar secreto del bosque. Así que aquello que vi esa noche era esteban, ese niño que murió trágicamente cayendo de un árbol sobre una estaca de madera que salía de un tronco.
Esteban jamás vivió, jamás fue mi amigo; fue mi amigo muerto.
Ahora, actualmente como podrán notar, no olvido detalle alguno de esta experiencia macabra, si de niño me tomaban de loco, lamentablemente ahora también aunque me resistí algunos años de mi pubertad.
Ahora reconozco que debo estar en este centro psiquiátrico, pues no dejo de sentir aquella respiración robándome el aliento cada noche.
OPINIONES Y COMENTARIOS