
La verdad es que llevo mucho tiempo pensando si realmente vale la pena escribir esta historia porque, al final de todo, ¿quién no se enamoró al punto de ver a esa persona tan importante hasta en sus sueños? ¿Quién no se sintió alcanzando la cima y luego cayendo al abismo? Me atrevo a decir que la gran mayoría de nosotros guardamos en lo más profundo de nuestro corazón a alguien que, independientemente de cómo se alejó de nuestras vidas, aún sigue ahí y, a veces, nos desconcierta el porqué.
Es por esto por lo que me cuestiono relatar esta historia, pero la realidad es que, en este caso particular, el amor es algo efímero; lo que realmente importa es lo que viene después. He perdido la cuenta del tiempo que he gastado pensando en lo que sucedió, pero recién ahora es cuando considero que aprendí algo después de tanto caos mental.
Luego de haber atravesado una relación que fracasó y que lo único que logró fue dejar todas mis inseguridades a flote, he llegado a visualizar y comprender la gran confusión existente entre dos términos; de los cuales desconozco que alguien haya mencionado su relevante discrepancia y los efectos negativos de no saber utilizarlos correctamente.
Mi mayor error fue pensar que él era la persona indicada solo porque ofreció una leve muestra de interés en mí. Me detengo aquí, en esta última expresión: “Interés”, el principal concepto erróneo en todo este desorden que se convirtió en el centro de mis cuestionamientos. El hecho de haber desconocido su real significado me generó toda una serie de futuras ideas erróneas sobre la realidad en la que estaba inmersa y eso fue, justamente, lo que me hizo reflexionar acerca del desarrollo de los acontecimientos, permitiéndome así, para mi tranquilidad, darme una sincera disculpa por no haber sido capaz de reconocer que el error no fue completamente mío, sino el no haber diferenciado correctamente el interés de la importancia.
Es considerablemente normal ver o abordar discusiones acerca de la diferencia —en una relación amistosa o amorosa— entre el “te quiero” o el “te amo”, pero nadie nunca me había advertido sobre la incidencia que pueden llegar a tener estos otros dos en el desarrollo de una relación.
Por todo esto, he llegado a la conclusión de que el interés y la importancia son dos conceptos totalmente diferentes. A veces, uno solo ve lo que quiere ver, aquello que desea; nos engañamos a nosotros mismos creando un mundo ideal donde todo es perfecto y nada puede salir mal, pero cuando chocamos con la realidad y sentimos que perdemos el control, experimentamos un vacío inmenso que no puede llenarse con nada. Nada nos conforma, la perfección ya no existe y nos damos cuenta de que se nos pinchó la burbuja de ese mundo de ensueño que tanto nos gustaba habitar.
Volviendo al tema de la diferencia entre el interés y la importancia, su principal discrepancia radica en el sentido en que se utilizan esos conceptos. Uno puede afirmar que le interesa la literatura francesa o el manga japonés, pero eso no significa de ninguna manera que le importe. Cuando a uno le importa algo, pone toda su atención en ese tema, persona o actividad en particular, quiere saber todo sobre eso y quizás hasta que lo asocien con aquello a lo que le da importancia. Sin embargo, no es así con el interés: cuando te interesa algo, probablemente le pongas atención cuando estés aburrido o sin nada que hacer; no es algo que buscarías conocer a fondo, solo sería un simple pasatiempo más en tu vida.
¿A qué voy? A que yo creí, por mi ignorancia, que realmente le importaba y no era así: jamás le importé. Solamente le interesaba, como una forma de diversión quizás, o un desafío personal, nunca lo sabré…
OPINIONES Y COMENTARIOS