Amor de ensueño

Lo había soñado tantas veces
que lo pensé salido de mi anhelo.
Así que lo inventé con perfume
a fruta madura, a dulzura
intenso como un sorbo tibio
de té de jengibre y canela.
Lo vi caminar iluminando con un farolito
tenue los rincones de mi sombra.
Lo vi cocinando espaguetis
con aceite y parmesano para dos.
Le puse ojos de mar profundo.
Por capricho del azar
el número de la puerta
de los cuartos que alquilábamos
siempre sumaba siete
(313, 502, 142)
entonces concebí en el siete una señal
e imaginé que yo era Leda y él el cisne.
Llenaba mi taza con infusiones
misteriosas que mantenían en vilo mi
sed de ensueño y era poseedor de la ventana
que se abría obcecada a mi quimera.
Y así, abriendo cada día esa ventana
lograba mi cometido de vivir la fantasía
esclava de su ausencia.

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