Lo que la tormenta nos dejó

Lo que la tormenta nos dejó

Yanara

13/04/2020

Algunos finales dan inicio a nuevos comienzos, llega el día en que el tiempo nos da la razón, nos muestra quienes somos, lo que damos y hacia dónde vamos, las heridas del pasado ya no duelen, sólo nos quedó la lección.

No podemos escapar de las pruebas que nos pone delante la vida, nos acorrala contra la pared mostrándonos la solución, pese a que nos tire al suelo y nos golpee una que otra vez, nos da chance a ponernos de pie, porque nos enseña a ser pacientes, a entender que las respuestas llegan en el momento que corresponde, cuando nuestra cabeza ya esté lo suficientemente madura para comprender la enseñanza. Incluso a veces, pasa tanto el tiempo que nos dejan de importar las respuestas.

En estos momentos sólo esperamos que quienes nos hirieron admitan sus errores, aunque sea ante ellos mismos. Queremos y deseamos que realmente puedan hacerse cargo de sus golpes. Pese a que ya no existe un “nosotros” entre ciertas personas, realmente nos interesa que quienes nos hicieron daño puedan meditar, que antes de dormir les retumbe la idea en su mente y que, al despertarse, nuestro nombre les haga un poco de ruido. La vida nos enseñó que querer no siempre es poder, aunque muchos tengan el deseo de borrarnos de su recuerdo, no podrán lograrlo, porque nosotros tampoco pudimos. Es hora de que cada quien se enfrente a su enemigo personal, que nos pongamos de frente a nosotros mismos. Ya no sirven las disculpas que nos inventamos de otros porque no tuvieron el valor de decirlo con sus propias palabras, porque puede que no sepamos en qué fallamos, pero tenemos en claro que lo hicimos.

Por desgracia o por suerte, nos hacemos cargo de nuestros errores y no culpamos sólo a los otros, entendimos que el tiempo no puede volver atrás, pero que el presente está en nuestras manos y el futuro siempre puede ser mejor, pero es incierto. Deberíamos perdonarnos y perdonarlos, admitirnos a nosotros mismos el error.

Cuando la tormenta haya terminado, nos quedará juntar lo que nos quedó. Tendremos que armarnos de valor para poder rearmar lo que el agua inundo y poder decidir lo que ya no tiene arreglo. Tenemos que tener la confianza en que siempre que llovió, paró.

Abracemos a quienes nos dieron su mano en el temporal, y no guardemos el rencor para quienes se quedaron viéndonos mojar. Porque cuando menos te lo esperes sale el sol. No nacimos para cobrar deudas karmaticas de los demás, nuestro único deber es dar luz, porque somos luz y ser nuestro propio proyecto a evolucionar.

    Nadie se irá de este mundo sin pagar lo que debe. Cada uno de nosotros decidirá si eso lo pone contento o lo hace sentir miserable.

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