En el fondo de mí caminan mis sueños agonizantes, exhaustos, desesperados, impacientes por volar y llenar paginas, por plantar las semillas de esos sueños que se estrellaron con el tiempo, con los años, y con la indecisión de una joven que supo decidir. que vivió para los demás, que su corazón fue invadido; por un amor toxico que le hizo abandonar parte de si misma, por las lagrimas desbordantes de la decepción, por el viento frió de la noches, que apagaron las velas de la esperanza. Pero afortunadamente, siempre quedan las segundas oportunidades, y fue por eso que las luciernagas (de esas inmortales, de esas que no necesitan alas), brillaron y brillaron, para plantar todo lo muerto y que las mariposas llamadas amor propio, vuelen sin limites ni mesuras.

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