A noche tuve un sueño y no supe sí morí.
Caminaba entre la gente, rodeando las botellas de vino y de cervezas que estaban regadas por el piso de aquella casa tan estrecha.
A unos metros por fin las pude ver, después de tanto buscarlas al fin las encontraba. No había nada que quisiera estar haciendo ahí y, la presencia de esos hombres con sus armas, solo aceleraba el presentimiento de que algo malo pasaría.
Mi hermana y su amiga no se habían percatado de mi presencia…
-¡Lore!, ¡Itzel!, las llamé…
¿Y Mireya?, pregunté después…
Un hombre las sujetó del brazo y, yo intenté llegar hasta la cima de aquella pequeña escalera de caracol muy angosta. Leí la mente de esos tipos, sus intenciones no eran buenas y yo grité que no. Mi voz fue tan delgada pero fuerte, que, entonces… ¡así! y de la nada, apareció uno de mis tíos para defendernos. Su hijo era conocido allí y quizá, iba también a buscarlo.
-No. Con ellas no se metan, déjenlas en paz, arremetió pronto contra ellos.
Los hombres se miraron nuevamente; una seña con los ojos y las cejas esas cejas gruesas y salvajes arqueadas, como una respuesta negativa a la petición de quien también llevaba mi sangre. De nuevo pude escuchar lo que en sus mentes se comunicaban, sin palabras al aire. Alzaron sus armas y apuntaron a mi tío. Mi reacción fue inmediata, me abracé a él exclamando un, «¡No lo maten!», estrujé mis brazos hacia él y, mis ojos se cerraron esperando lo peor. Endurecí mi cuerpo, intentando crear una armadura impenetrable como protección impenetrable y, a los segundos, el disparo y el rebote en mi cabeza sacudieron todo el tiempo del reloj. Era el tiempo suspendido en ecos que atarantaban los recuerdos y la mente presentes. Pensé en ellas, mis hermanas y su amiga, ¿Qué les pasó después? y Mireya… ¿la lograron encontrar?
Abrí mis ojos todavía mareada y aturdida, luego pensé…
¿A quién de los dos habrán matado?
¿Fue a mi tío? o ¿fue a mí?
No distinguía lo real. Sudando frío me senté sobre la cama, regresé a la realidad y, entendí después de unos segundos que, solo había estado soñando; pero ése sueño hasta ahora, marcó la duda intermitente a una pregunta que, casi se resuelve aquélla noche, incluso, muchos meses antes de ese sueño y, en la playa…
¿Así se siente morir?,
¿Será que nuestra alma se desprende confundida y es por eso que solo algunos logran ver la luz?
¿Ustedes qué creen?
Quiero leerlos…
Karla Cai
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