“Yo no buscaba a nadie y te vi.”
Agosto sopló con sus vientos efímeros,
como un instante suave
en que el viento levanta el cabello
y vuelve a caer.
Lo suficientemente fuerte
para que una planta anemófila
florezca.
Ahora salgo
de un estado de alexitimia.
Todo se torna de tantos colores.
Toda circunstancia parece arder en la piel.
Y sin embargo,
todo se disipa
con una sonrisa
que ilumina
cada grieta de mi ser.
Que me impide lamentar
ese instante
que dio sentido,
permitiéndome amar
por primera vez.
Bienvenida al mundo, hija.
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