A mí nunca me había pasado una cosa así.

¡Uno ve este tipo de cosas en las películas! ¡Qué se yo! pero a mí, la verdad, nunca de los nunca me había pasado.

Verlo al Osvaldo ahí, en la estación, mirándome fijo, como diciéndome: “¿Por qué, Juan, por qué?

Y yo no le podía contestar, ni hacerle una seña, ni nada.

¡Con lo lleno que viene el Sarmiento a esa hora! Fue justo en Haedo, cuando el tren iba pasando que lo vi, con esa cara de resignación queel Osvaldo tuvo siempre…

Si hasta cuando falleció tenía esa cara, hace ya como un año.

¡Y me miraba a mí!. El pobre estaba parado ahí, en medio de la vía, con las manos en los bolsillos, en el mismo lugar que lo agarró el tren…

Ese día no pude trabajar, si hasta me fui antes de la obra. ¡Que me lo descuenten si quieren! ¡Que carajo! ¡Si yo nunca les arrugué, si de arrimar la pala se trata!

Queria hablarle a la Julia, pero todo pasó tan rápido que… ¿Qué le iba a decir? : “Che, lo vi al finado de tu marido en la estación de Haedo…”. Encima, no la volví a ver desde el velorio, que fue cuando me dijo que para ella, el Osvaldo nunca llegó a sospechar de lo nuestro.

Pero yo, sinceramente, no sé. ¡Con lo bicho que era!

Como cuando el Ruso le quiso vender la moto, él empezó a hacer ese gesto con la cabeza como si se quisiese rascar la nuca en la espalda y no quiso saber nada. Después nos enteramos que la moto era choreada.

O la obra esa en Liniers. El loco desconfió y no agarramos viaje. ¡Menos mal! El contratista terminó siendo un cagador, hijo de puta.

¿Y si se avivó de lo de la Julia y yo? Pero… ¿Por qué no nos encaró? ¿Por qué no me recagó a trompadas, por haber sido un hijo de puta con él, que era mi mejor amigo?.

¡No aguanto mas, ya no aguanto más! Pero yo le voy a aclarar todo, le voy a explicar y él me va a perdonar. Cuando me vea que estoy acá en la vía, va a volver. Cierro los ojos fuertes para no lagrimear, que no es de hombre y lo voy a esperar hasta que aparezca.

No va a tardar mucho.

Y el tren ya está tan cerca…

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