Querido Conde, el tiempo ha pasado de forma misteriosa y es usted aún más joven, nadie sabría con exactitud los años que reposan en su ser apasionado y desbordante de plenitud.
La sonrisa que irradia desde las entrañas de su ser es luz en sus ojos hasta el seducir de sus labios que cautivan, son el eco de los besos de un alma pura.
La dicha de tenerlo es el aire para mi existencia. ¿Cómo no amarlo? Se da cuenta usted que, no puedo siquiera plantear bien la pregunta. La única verdad es que estamos unidos porque nos hemos elegido como destinos.
Por favor, continúa a mi lado, caminemos uno al lado del otro, sigamos eligiendo nos en cada una de nuestras vidas, conservemos un amor inmortal de los que solo usted y yo sepamos reconocer, y nadie más pretenda ocupar lugar, será nuestro secreto inmarcesible.
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