Un Escrito Para Unos Ojos y su Dueña

Un Escrito Para Unos Ojos y su Dueña

Bernardo Sosa

16/07/2019

En la tarea de mirarla, me encuentro con el problema de no saber de qué color realmente son sus ojos, no sé si son color amarillo ardiente que me despierta al casi quemar la piel en la mañana, tampoco sé si son dulce amarillo como miel que desayuno, que por una simple gota en mis labios siento el resto de mi boca morir por saborearla y no dejarla ser más. ¿O serán como los pétalos de aquel girasol que compré como intento de ganar su corazón?

No sé si son color cristalino como el agua que veo aproximarse hacia mi cuerpo, que sin importar si fría como nieve, o ardiente como lava, amaré recibirla en cada parte de mi cuerpo.

No sé si son blanco puro, como esto que siento ahora, como un canvas en blanco, vacío, pero con infinitas posibilidades, como nubes que suenan a hermosas campanas y que huelen a Ella, mientras la veo acostada pecho abajo dándome con su espalda, y más abajo con toda su gloria, razones para desear estar muerto. Ojalá en este momento esté leyendo mi intento de conquistar su corazón.

No sé si serán azules sus ojos, y por eso me sorprendo tanto al ver el hermoso cielo despejado, no sé si serán azul como el mar, que aparte de ser inmenso comparado conmigo, guarda miles de misterios que no sé si serán hermosos como Ella, pero quiero descubrirlos todos, para así mejorar mi intento de conquistar su corazón.

No sé si las hojas de los árboles se asemejan al verde de sus ojos, que a pesar de mi enorme ego, me distraen hasta de mí mismo. Amo ver cómo sus ojos enseñaron las hojas a caer para servir de abono a los hermosos girasoles que crecerán para hacerme nuevamente con ellos, intentar conquistar su corazón.

No sé si serán rojos como la sangre que de manera repentina va desde mi corazón a una parte no muy frecuente de mi cuerpo, por el simple hecho de imaginar cómo será su silueta a contra luz, cuestiono la pureza de ansiar recorrer con dedales cada legua del rojo y salado mar se su cuerpo. Veo sus hermosos, rojos ojos en cada luz de tráfico que hace detener mi camino, pensar en ella y verla aunque no esté ahí conmigo. Tal vez debería con tal color escribirle un poema y tratar de conquistar su corazón.

No sé de que color serán sus ojos que causan en mí querer entre fuerza intermitente y un vaivén de cuerpos que arden, tenerme dentro, muy dentro su ser y poder desde cerca sentir su mirada y entender qué querrá realmente decirme sólo a mí.

No sé si es un forcejeo con consentimiento que a ambos nos genera placer, pero al estar sometido a su mirada, ya sea producto de mi imaginación, o bien el milagro de tenerla en frente, siento sus ojos cambiar de color a color para sutilmente sumergirme en la idea de que la estoy ganando, cuando realmente entre sus ojos de color desconocido me pierdo y en vez de yo conquistar su corazón, Ella termina conquistando el mío.

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