La Chica de la Buhardilla

La Chica de la Buhardilla

Lukic

15/07/2019

Plaza Jacinto Benavente. 23.57pm de una noche otoñal en 2014. La lluvia torrencial golpea mi cuerpo desprotegido. Ahí estoy de pie, con la mirada perdida y los ojos vidriosos, fiel reflejo de un alma tocada por la varita de la ansiedad, el desasosiego y de muchas noches sin apenas descanso. La encrucijada es un camino que todos intentamos evitar con más o menos acierto, pero ayuda a generar cierta confianza en uno mismo y permite descubrir la persona con la que convives diariamente.

Me veo solo en esa plaza, nadie está tan loco como para permanecer en ese lugar sin ningún tipo de abrigo que le ampare de este diluvio. La tromba incesante no turba mis pensamientos, es más, ayuda a concentrarlos y a asentar el profundo sentimiento que me invade desde hace unas semanas.

Nunca me había visto en una situación semejante, no me atrevo a asegurar si es el destino o de la casualidad pero el poder que ha ejercido en mi vida en estos últimos días ha cambiado mi forma de ver la vida. Han sido las semanas más felices de mis últimos tiempos. Ella me hace vivir y sentirme vivo. Vibro cada segundo que estoy con ella. Reímos y bromeamos sin barreras.

Me debato entre la eterna lucha de seguir a la razón o dejarme llevar por los anhelos que provienen de lo más hondo del corazón. No quiero que nadie salga herido ni que el futuro pueda quedar destruido simplemente por seguir los impulsos de unos sentimientos ahora muy reales pero quién sabe si duraderos en el tiempo.

La cuestión es ganar y salir de esta situación sabiéndome vencedor de antemano sin dejar dudas en el camino a las que recurrir cuando vengan mal dadas. No quiero mirar atrás y afrontar el camino elegido con total seguridad, entereza y pleno de ilusión.

Pienso en mi pasado, vivo el presente y me asusta el futuro. No quiero dudar. Necesito un destello de luz que me ilumine y que me haga ver todo desde la lente perfecta.

Pero no es así. La vida no es siempre como la esperamos y hay que tomar decisiones sin tener toda la información en la mano. La respuesta es el corazón. El futuro no existe ni podemos predecirlo.

Voy a arriesgarme. Quiero estar con ella. No me espera ni se imagina la situación. Quiero darle una sorpresa, llamar a su puerta, abrazarla y besarla con todas mis fuerzas.

Me acerco lentamente a su portal, estoy a pocos metros de escribir una nueva e ilusionante página de mi vida. Lo hago con toda la fuerza del mundo. La lluvia cesa de repente. Miro a la luna y la veo despejada, brillante y clara. Quizás sea ésa la señal. No me importa. La imagino leyendo curiosa en su habitación, esa buhardilla alegre y con un cierto desorden en la que lentamente fui quedándome prendado de ella. Voy a llamar ya.

¿Me abrirá o se habrá cansado de esperar?….

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