Muerte entre las flores

Muerte entre las flores

enrique bollain

04/06/2019

La policía acudió alertada por los vecinos. Al forzar la puerta, recibieron el impacto del hedor nauseabundo. En el suelo tres cadáveres brutalmente mutilados; llevarían al menos una semana muertos a juzgar por su estado de descomposición. Y flores. Infinidad de flores; flores de todas clases por toda la casa. Tanto tiempo en aquel ambiente pútrido y cerrado, las flores estaban ya marchitas. Así que otra vez, las flores y los muertos destrozados a conciencia. La firma de la banda.

El jefe de la brigada observó un detalle que no encajaba. Sobre la repisa de la chimenea, al lado de otras muchas ya ajadas, había un jarrón con hermosas flores de jara, con la blancura rutilante de sus cinco grandes pétalos como tafetán exquisitamente arrugado. Con la turgencia de la flor viva en la mata de jara. Pero él sabía que la de la jara era flor de un día. Y en un jarrón menos de un día; se mustiaban y caían los pétalos en horas. Y menos aún en aquel ambiente infecto, el deterioro empezaría antes, casi enseguida; era sorprendente… el frío le subió por la espina dorsal como en una descarga eléctrica, lanzó una mirada vertiginosa a su alrededor e incluso llegó a alcanzar la empuñadura de su revólver. Pero no le concedieron prórroga. Lo último que vio al recibir el balazo fue una instantánea del campo adonde iba de niño con sus padres, con los macizos de jaras nevados de flores blancas a finales de mayo.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS