LA FILOSOFIA DEL BORRACHON
Por: Renato Fámulo
En todos los “Cafetines” de mi niñez, ahora llamados “PUB’S”, a lo largo de nuestra costa norte, siempre existían los típicos caracteres de pueblo, que eran expertos ─ cada uno ─ en algún vicio en específico. Y cada uno de ellos tenía su propia filosofía de vida, pero la posición más desafiante era la del más bebedor o “El más Borrachón”. Pues todos los fines de semana, en que atracaban los barcos a los muelles, llegaban nuevas caras y nuevos contrincantes o atorrantes y, los diferentes espectáculos no se dejaban esperar…
Esa por supuesto fue la filosofía que más me impacto, puesto que Agapito, el “Borrachón” más grande y empedernido que hemos tenido en nuestro barrio de la playa, era el mensajero de mi padre y muy a menudo lo veía hacer los mandados que se requerían. Como pago, mamá le servía un trago de ron puro de casi tres dedos, en un cono de papel, aún, antes del desayuno; y el de inmediato le comentaba: “¡Hay doña Ñingue, se fue como agua!” ─ Paso seguido, mamá le contestaba ─ No se esmande Agapito, que usted ya está en los setenta y pico… ─ La otra mitad de la paga, mi madre se la guardaba para darle el acumulado el viernes antes del fin de semana, ademas de proveerle el alimento y de una pieza donde vivir, en la parte trasera de la tienda.
Ya, al medio día, Agapito andaba entonadito, se había dado unos cinco o seis palitos de ron blanco del país, y Papá no lo enviaba a ningún mandado después de esta hora, pues su bicicleta hacia tantos “Zigzag” o serpentinas, que parecía una culebra sin cabeza en la carretera, nunca entendí como no lo había aplastado un autobús, era un aborto de las estadísticas. Y justo, cuando estaba ajumadito, se sentaba en uno de los escalones de la tienda, en la parte de atrás, y comenzaba a filosofar solo, o de vez en cuando se dirigía a mí con la mirada; mientras yo acomodaba las cajas de refrescos con botellas vacías. Yo trataba, en todo momento, de evitar su mirada, pero mantenía mis orejas paradas para escuchar todas sus locuras y las cosas graciosas que se le ocurrían. Pues a los trece años, uno le busca el valor a todo lo que escucha, incluyendo la basura filosófica de algún borracho…
─ Yo soy Agapito, “¡Y no soy como naidie quiera, pues mi madre me parió y soy cristiano é pura cepa…, no le hago daño a naidie, y trabajo toó los días, pal Ron y pa’ la cerveza!” ¡No soy Rojo, ni Verdei, ni Azul! ¡Me la juego con cualquiera, que se atreva a darse un palo de media o de una caneca (botella con ocho onzas de ron), sin respirar, a ver si es un macho é verdad! Yo puedo hacerte ver fantasmas donde no los hay, y quitarte la tristeza de un sopetón, hasta que te mueras de la risa, aunque al otro día, te tengan que hacer una transfusión de esas que te cambian toó la sangre, y posiblemente quieras que te cambien la cabeza… Por eso muchos amigos me buscan, para darle la terapia, que la empiezo con cerveza y la acabo con pitrinche (ron casero) de la aldea, que te remueve todas las dolamas y el recuerdo de tus penas… ─
Y Agapito continuaba con su largo autocoloquio:
─ Dios nos hizo para que fuéramos felices en el paraíso de la tierra, y esa es la parte que yo celebro toó los días, no vaya a ser que me llegue la pelona y no haya nai que contar… Por eso algunos me llaman el “Doctoi de la Alegría”… Ustedes los santos no tienen nai que celebrar, pues se pasan la vida pidiendo perdón y arrodillaos, pero no se sabe, de que piden perdón, si ustedes nunca hacen ná que valga la pena… ¡Hay carajo, por lo menos deben darse un palito, pa’ que San Pedro les perdone alguito! ¡Claro está, yo tengo mi orgullo, yo no permito que otro borracho me llame “¡Haga Pito” mejor que me diga, “Haga Flauta” …! ¡Porque yo soy Agapito, y yo soy como yo quiero… y no como naide quiera…! ─
Así continuaba Agapito divagando en sus ideas de la vida, cuando se escucho desde la parte frontal de la tienda, a alguien que mencionaba su nombre. Y de inmediato me preguntó a mí, que si era otro borracho, y yo le dije que no sabía, así que el pequeño hombre de apenas uno punto tres metros, se acerco a la barra donde se encontraba un marino mercante como de uno punto nueve metros. De inmediato Agapito se identificó ante el marino que había preguntado por él, y este le retó con voz muy vociferante, delante de otros paisanos, a tomarse una caneca de ron blanco “Palo Viejo” de un solo trago y sin respirar hasta acabarla. Agapito dio un paso hacia atrás con el cuello erguido y le dijo al marino:
─ ¡Más grandes que tú los he visto yo caer delante de mí! ─
Parecían una nueva versión de David y Goliat, pero de laicos, con la diferencia que Goliat era mulato y David calvo, piel blanca curtida, medio enano, con algunos setenta años…
Fue entonces que el marino le dijo:
─ ¡A la verdad que tú no sabes con quién te estás metiendo, enano papujo!
Como siempre Agapito, se dirigió a mi padre:
─ ¡Don Herminio, consíganos las dos canecas vacías, para llenarlas del
“Negro”, a ver si este mulato puede aguantar a otro negro…!
Nadie le había ganado en nuestro cafetín, ninguna apuesta al “Rey del Palo”, pero yo no recordaba a nadie tan grande y tan fuerte, como ese marino que lo miraba con mucho desprecio y que tampoco lo tomaba en serio. Así que en vez de usar ron con 80% de alcohol, Agapito le había pedido a Papá las dos canecas vacías para llenarlas con “Bacardí 151 Negro”, esto es Ron Negro 151% de alcohol.
Agapito con mucha cortesía y tratando de ser educado le pregunto al mulato, si veía algún problema con que fuera Ron Negro 151%, y el marino le contesto, que podía ser, negro, rojo, blanco, lo que a él le diera la gana, pero tenía que ser de más de 80% de alcohol.
Al momento Papa trajo las dos botellas llenas con “El Negro” o “Ron Negro 151”, esto es lo más cerca a gasolina de avión, que pueden beber algunos seres humanos, y las pusieron frente a frente de cada contrincante…
Como en todas las apuestas, Papá me pidió que recogiera el dinero de las apuestas, y quedaron contabilizadas, de tal forma que estaban 5 a 2 a favor del marino, puesto que a nuestro negocio, frecuentaban muchos turistas los viernes, no conocían el hígado de Agapito, y se dejaron llevar por las apariencias, obviamente la mayoría no eran cristianos, como Agapito y Yo…
Uno de los ayudantes de Papá, mandó a cerrar las apuestas como se acostumbraba. Luego, un juez se paró al lado de Agapito y otro al lado del Marino, esperando la señal de mi padre, que de inmediato les dio la señal a los dos jueces, que al unisonó le indicaban a los dos hombres que comenzaran a tomar a su señal y que ninguno de ellos podía tomar un respiro para seguir tomando de la botella. El truco en esta competencia, es que se debe coger bastante aire, tomar rápido pero no demasiado, de tal forma que le dé cierto tiempo al hígado a reaccionar, y que no vaya a paralizarse por la sobrecarga de alcohol, pero todo esto iba a depender también, de la capacidad de respiración de cada uno y de la velocidad de procesamiento de cada cuerpo, pues la botella hay que acabarla de un solo trago…
Muy pronto los dos hombres acabaron la botella casi simultáneamente, y ambos jueces gritaron, “Ya acabó…” a la misma vez, parecía un empate; pero sin avisar, uno de los hombres se desplomó en el piso, y se oyó una voz casi moribunda que dijo: Se lo dije al negrito este, que no comiera mariscos para vencerme a mí. ─ Era la voz de Agapito, que arrastraba sus pies hasta la barra para cobrar su dinero, mientras el cuerpo del mulato temblaba en el piso, con severas convulsiones, que lo hacían vomitar todo lo que había comido. Rápidamente, se llevaron al mulato a la sala de emergencias que estaba ubicada a unas dos cuadras de nuestro negocio, los cuales ya estaban familiarizados con este cuadro clínico, o cuadro alcohólico, como sea que podamos llamarlo… ─
No pasaron ni cincuenta segundos, desde que Agapito se hecho su dinero en el bolsillo, cuando repentinamente cayó al piso inconsciente sin mediar palabra… Corrimos a socorrer nuestro gallito de peleas y terminamos con él, en la sala de emergencias al lado de la cama del mulato, que creímos haber derrotado; aunque fue por más o menos un minuto…
En boxeo en estas peleas cerradas, los ayudantes te llevan y te sientan en una pequeña butaca, después que suena la campana, mientras pasas la inconsciencia y vienen con el resultado de los jueces. ¡En este caso los ayudantes nos quedamos paralizados con el evento de la caída del “Gigante Goliat” o “Gigante Mulato” sea cual fuera, ¡y no pudimos disimular la caída de nuestro gallito de pelea, que también visitó la lona, después del campanazo!
Ya habían transcurrido varias horas, cuando se escucharon voces en las camillas de la sala de emergencias, «a mí no me llame ‘Haga Pito, usted dígame “Haga Flauta”, yo no hablo con “Borrachos”. Aparentemente el mulato estaba algo recuperado al igual que Agapito, y tenían una discusión de camilla a camilla, y los médicos nos llamaron, para llevarnos a nuestro gallito. Puesto que los dos, todavía estaban bajo la nota del “Negro” y no podían entender a nadie, mucho menos entenderse entre ellos mismos. Se veían muy graciosos haciéndose burlas uno al otro como si fueran niños.
Realmente nunca pude entender que trataban de probar aquellos dos hombres, según me explicaron, uno quería ser más macho que el otro. Pero en realidad, creo que lo único probado allí fue, cual había sido el más borrachón…
Dos semanas después apareció el mulato a nuestro cafetín, nuevamente preguntando por Agapito, pero esta vez, él estaba ausente, haciendo los mandados como de costumbre, antes del medio día. Fue entonces, que el mulato se metió las manos al bolsillo y le entrego algo a papá y se fue…
Un rato después llego Agapito con los encargos, y el viejo le dijo, que el mulato vino a buscarlo. Sin perder tiempo, Agapito le dijo a papá:
─ “¿Ya quiere que le de otra que le pare el corazón?”
─ No, no vino a eso, quería entregarte esta medalla, y como no estabas, me la dejó a mi.
Agapito agarró la medalla y le preguntó a papá, para que él querría esa medalla, y papá le advirtió, que era una medalla del “Merchant Marine Drinking Team Championship 1970”, esto era una Medalla del Equipo Campeón de Tomadores de La Marina Mercante del 1970. El mulato solo quería hacer un reconocimiento para Agapito por haberle ganado en la competencia, y le dejó dicho, que ahora él era campeón de La Marina Mercante, sin nunca haberse mojado ni un dedito de los pies en el mar…
Agapito cogió la medalla, se la engancho en el pecho y con la cabeza erguida, se acercó a la barra, y le dijo al dependiente: ¡Por favor sírvale un palo de tres deos de Ron Blanco al Campeón de La Marina Mercante del Palique, y no me llames “Haga Pito”, llámame “Haga Flauta”.! ─ Mi padre sonriendo tomo la botella de ron blanco y le sirvió un palo de tres deos al rey de la comarca… ─
Luego de esta competencia, hubo muchísimas más, pero ninguna de ellas me enseñó, lo que de esta aprendí. Lo primero es, que los Borrachos tienen un extraño orgullo, un raro sentido del humor, y son muy malos filósofos. Lo segundo es, que los Borrachos no solo no se entienden entre sí, si no que no entienden a nadie, ni tampoco a ellos mismos. Y lo tercero es, que al Borracho le encanta esconderse detrás de las borracheras, buscando la felicidad del mundo; además, tanto los hombres, como los borrachos, tienden a juzgar por las apariencias, porque parece ser que es lo más fácil de ver. También aprendí que los hombres que no saben hacer nada útil, compiten por cosas inútiles…
Y, por último, quiero decir ─ yo no sé ustedes ─ pero después de esta victoria de Agapito, yo he adquirido una ansiedad desesperante por avanzar a descubrir en que puedo ser útil a la sociedad y a mí familia; antes que me dé por competir por el más vicioso en algo, por la motora más extravagante, el automóvil más chulo, el calzoncillo más sucio, o por cualquier otra tontería que se me pudiera ocurrir. Que no abona nada a nuestros dones, no edifica a nuestro espíritu…No ayuda a nuestra sociedad… Y tampoco ayuda a nuestra nación o planeta…
¡Y tengo un terrible miedo de botar mi vida al zafacón, sin poder contribuir en algo útil! ¡Espero que Dios me guíe y no me deje deambular al garete, como al pobre Agapito, que también es católico, creo, como yo…!
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