OFENSORES Y OFENDIDOS

OFENSORES Y OFENDIDOS

Víctor MAS

13/12/2018

Hace unas semanas estaba viendo un partido de fútbol de categoría infantil, en mi barrio, desde la grada, a unos diez metros se encontraba un energúmeno insultando al árbitro, que no tenía más de dieciocho años, “ojalá te mueras“ o “eres penoso, das asco payaso”, eran algunas de las perlas que le dedicó. Empecé a grabarlo con el teléfono móvil, primero con disimulo y después con descaro.

-Eh, tú, ¿qué haces? -me preguntó.
-Grabo los exabruptos que dices.
– ¿Los exa qué?
-Los insultos que dedicas al árbitro.
Me hizo un gesto de desprecio y le pregunté.
-Disculpa, ¿en que trabajas?
-Y a ti qué coño te importa, déjame en paz.
-Yo a este tío le conozco y sé donde trabaja – me dijo una chica que estaba en el público-. Es carnicero en el mercado de la calle Porto Cristo.
Al día siguiente, lunes, fui al mercado y ahí estaba el energúmeno. Pedí la vez y antes de que me tocara mi turno, puse a grabar el móvil y le empecé a decir.
-Vaya lentitud, nos van a dar las uvas. Este, como tiene que estar aquí toda la tarde -observé dirigiéndome a una señora que también hacía cola- va a un ritmo de locomotora siglo 19. Espabila, que tenemos cosas que hacer.
El carnicero me miraba tras el mostrador con cara de asombro mientras cortaba nerviosamente los filetes.
-¿Esta es forma de hacer filetes? Si le están saliendo deformados -exclamé mirando a las demás clientes, que empezaron a murmurar entre ellas acerca de la poca profesionalidad del carnicero.
-¿Pero qué quiere usted de mí? -me preguntó cabreado.
-Quiero que sienta el malestar de alguien que intenta hacer su trabajo mientras otros le insultan, le desprecian, porque ustedes no lo sabrán señoras, pero este hombre va a los partidos de fútbol de los chavales para insultar a árbitros, muchos de ellos menores de edad
-Habrase visto -dijo una señora.
-Que poca vergüenza Aurelio – contestó otra.

-Pues mi nieta va a jugar a los campos de Polvoranca -se sumó otra señora.
Mientras le seguían sacando los colores al carnicero, me fui a mi casa a editar el vídeo.
Tras dos horas quedó un archivo muy aparente. Había recortado y unido después los dos vídeos para evidenciar, en el campo de fútbol, los insultos y amenazas al joven árbitro y en la carnicería la humillación al insultador, con un texto que decía: Los que van al fútbol base a insultar, lo que siembran han de cosechar.
Lo compartí en facebook, twitter, whatsapp e instagram. Esa misma noche el vídeo circulaba por toda España, se había hecho trending topic. Al día siguiente el Gran Wyoming hizo un chascarrillo en El Intermedio animando a desenmascarar a las personas con conductas antideportivas. Pérez Reverte retuiteó el vídeo y escribió: “¡Qué hostia le daba!”.

La gran parte de los periódicos digitales se hicieron eco de la noticia denunciando la violencia verbal y a veces física en los campos de fútbol base, menos La razón, que denunció la intromisión a la intimidad del carnicero.
Tanta había sido la repercusión, que el siguiente fin de semana siguiente, en cuanto se puso a rodar el balón en los miles de campos de fútbol repartidos por toda España, se hicieron muchísimas grabaciones de hombres y mujeres insultando a jóvenes árbitros y árbitras, aunque empleaban más su lengua viperina humillando a las chicas. A lo largo de la semana muchos de los ofensores se sintieron ofendidos por que les grabaron haciendo su trabajo, mientras unos les recriminaban su actitud violenta, otros les insultaban directamente llamándoles “mente estrecha, come mierda o rata de dos patas”.

Se subieron cientos de vídeos a las redes, todos con el mismo titular «Donde las dan las toman». Hasta El Jueves le dedicó la portada: Dos tipos iban andando con la cara y el cuerpo magullados. Uno le decía al otro “ya te dije que no insultaras al hijo del culturista”. “Es que te entendí cultureta” contestaba el otro con un ojo a la virulé.
Toda la atención mediática se centraba en este movimiento creado espontáneamente, que queriendo denunciar violencia contra los jóvenes árbitros, comenzó a actuar casi con la misma violencia que denunciaban.
El siguiente fin de semana en los campos de fútbol de los barrios había más gente, pero más que a disfrutar del fútbol de los chavales, habían ido a ver si ocurría algo, si había insultos y grabaciones, si se increpaban o se peleaban, de ahí el incremento de policía municipal.
El nerviosismo era evidente y los medios digitales tenían conexiones en docenas de campos de fútbol, las televisiones también. Ferreras lo anunció: donde está la noticia estamos nosotros.
Pedro Sánchez llamó a la calma y al diálogo. Pablo Casado echó la culpa a Pedro Sánchez, Albert Rivera manifestó que si él fuera presidente no ocurrirían estas cosas. Pablo Iglesias echó la culpa al capitalismo y Sergio Makaroff se echó la culpa a sí mismo.
Susana Griso me invitó a su programa matutino, Espejo Público, por haber sido quien hizo la primera grabación denunciatoria.

Tras la breve entrevista me pidió una conclusión.
-tiene que haber paz, la gente no debe ir a un partido de fútbol de su hijo a pagar sus frustraciones con un árbitro de dieciocho años. Eso no tiene nada que ver con el deporte y que ejemplo les dan a sus hijos, ¿qué quieren? ¿Que se vuelvan violentos? No, los niños y las niñas de este país no se lo merecen.
Pedí que ofensores y ofendidos, o viceversa, hicieran una tregua y fueran a disfrutar del fútbol como personas civilizadas, sin insultos ni grabaciones, haciendo gala de una deportividad que iba a ser admirada en el resto de Europa.
Esa tregua duró exactamente el tiempo que tardó un árbitro imberbe en pitar un penalti fuera del área en el minuto noventa y dos en un pueblo de Cuenca.

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