DESDE AQUELLA PUERTA

Antes de entrar me detuve en el marco de la puerta de la empresa donde trabajaba, mi oficio era de chofer, manejaba una camioneta de carga para repartir productos de frenos a los talleres mecánicos de la ciudad, ahora me encontraba en entredicho, a dicha empresa había llegado un nuevo administrador y nos fue llamando a todos los choferes, uno a uno, para que nos marcháramos sin preaviso ni renuncia, en mi caso, yo llevaba 12 años trabajando en ese taller y no podía botar mis prestaciones así como exigía el administrador.

Después de estar un rato parado allí, salió la secretaria y me dijo que por qué no pasaba, yo le contesté que estaba rezando una oración para que no me botaran, porque no tenía donde ir a buscar trabajo debido a mi avanzada edad (60 años), que yo quería retirarme, pero cuando me dieran mi pensión por vejez.

Pasé y me senté en un sillón de espera y recordé cuando llegué allì buscando trabajo, en esa época yo poseía un carro Chevy Nova y necesitaba arreglarle los frenos, me dirigí al mostrador con dos pares de bandas de freno traseras para rellenarlas porque estaban muy gastadas y en eso veo un señor que había trabajado conmigo en otra empresa, él era allí contabilista y yo era vendedor cobrador. A lo que me vió me dijo:

Angel, ¿qué haces tú aquí?

Yo le contesté: estoy mandando a arreglar estas bandas.

El jefe me dijo: Y estás trabajando, qué estás haciendo?

Yo le contesté: Trabajo de chofer en una quinta en El Hatillo llevando y trayendo unos niños al colegio, pero para mi es muy lejos.

Como eran días de diciembre yo andaba buscando otro trabajo y me apareció este sin yo buscarlo, de inmediato le dije que si estaba dispuesto a trabajar allí y el gerente me mandó a pasar en enero para que comenzara a trabajar.

Al otro día, al reintegrarme al trabajo de los niños, hablé con mi jefa y le dije que desde ese momento comenzaba a trabajar preaviso, ya que en enero no volvía porque había conseguido otro trabajo cerca de donde vivía.

Pasó diciembre y entrando el año, a lo que abrieron la empresa de frenos llegué de `primero, allí estaba mi amigo y de inmediato me pasaron para que manejara un CJ5 y una camioneta, quedando en el acto como chofer de estos vehículos.

Como allí pagaban semanal, el viernes me dieron mi semana de trabajo y el lunes otra vez a trabajar. El trabajo no era pesado, solo había que llevar algunos repuestos y traer otros para arreglarlos, de lunes a viernes.

Allí trabaje durante 12 años y ahora me estaban botando, sin embargo, yo tenía una opción, ya había cumplido los 60 años y estaba en trámites de depositar mis documentos para obtener mi pensión.

Me fui directamente a la Inspectoría del Trabajo y expuse mi situación, allí me dijeron que no podía irme como me lo habían planteado, que regresara al mi trabajo y les pidiera mi retiro por escrito y que a lo que me lo dieran me fuera otra vez a la Inspectoría para pedir un Amparo Constitucional, esto lo debía hacer antes de los 5 días de expedido el retiro de mi trabajo.

Volví a mi trabajo y hablé con el Gerente y le expuse lo que me dijeron y él se sorprendió de lo que estaba pidiendo y me preguntó si había visto un abogado y le dije que sí y al instante ordenó sacarme mi cuenta y darme mi retiro.

Al recibir el papel volví a la Inspectoría y allí me aceptaron el amparo y me preguntaron si quería reenganche y les dije que no, que me dieran mi dinero y ellos aceptaron.

En el trabajo les llevé la resolución y ellos me dijeron que no tenían dinero para cancelarme mis prestaciones de ley, que podíamos llegar a un arreglo, que yo podía aceptar un vehículo que ellos tenían allí como parte de pago y me daban varios giros para cancelar todo lo demás que me debían.

Acepté la `proposición y me llevé el vehículo, como yo había conseguido otro trabajo de vigilante en una empresa de vigilancia privada, al llevar el carro me pusieron de supervisor.

Para mi sorpresa, allí conocí la mujer más bella que mis ojos pudieran haber visto en toda mi vida.

Desde que la vi por primera vez aquella mujer me impresionó profundamente. Recuerdo que era de una increíble belleza: alta, de cuerpo bien formado, sus curvas hacían suspirar a cualquier hombre que tuviera la dicha de contemplarla. Su rostro estaba siempre rosado, de color blanco como la espuma era su piel, su cabello rubio hasta la nuca peinado hacia abajo, con una pollinita que caía en su bella frente, sus ojos azules, grandes como dos lagos quietos, enmarcados en unas finas cejas. Su boca bien formada, mediana, de labios regulares y fácil sonrisa, sus dientes perfectos y blancos, su nariz con el estilo clásico de su raza italiana, con el adorable perfil griego que hemos visto tantas veces a través de la historia en muchas estatuas de diosas antiquísimas griegas y romanas.

Su voz, un tanto gruesa y de un hablar típicamente italiano, aun cuando hablaba el idioma español perfectamente bien, insistiendo en la manera en que los venezolanos lo usamos, con expresiones tales como: hay que estar pila, etc.

Vestía siempre con pantalones muy ceñidos al cuerpo al estilo Shakira, que hacían resaltar increíblemente sus sugestivas formas, de tal manera que ningún hombre que pasara por su lado podía evitar la tentación de voltear a mirarla por su parte trasera.

Usaba siempre suéteres manga corta o larga de alegres colores que hacían destacar un hermoso busto de mediano tamaño, rematando toda su vestimenta con una chaquetilla manga larga, la cual usaba en la mañana cuando hacía frío y se la quitaba en horas de calor.

Yo trabajaba de vigilante en la Zapatería Unión de La Yaguara y desde mi casilla observaba cuando ella se paraba en la puerta del edificio y parecía contemplarme con insistencia quedándose algunos minutos, luego entraba a sus ocupaciones habituales, esto lo hacía cada 15 o 30 minutos en todo el día.

Cuando pasaba por mi puerta no me dirigía ni una mirada, solo parecía verme cuando se paraba en aquella puerta, por tal motivo dicha puerta para mi obtenía un significado especial en mi vida diaria, no era esta puerta ninguna obra de arte, era una sencilla reja pintada de gris y anaranjado, pero cuando ella estaba parada allí, la puerta se transformaba milagrosamente en el más bello telón del más elegante teatro, era como cuando contemplamos el cielo y el sol está cubierto por blancas nubes, pero cuando estas nubes se disipan aparece el sol iluminando nuestro mundo, así era cuando ella aparecía en la puerta.

Un día ella se acercó a mi sitio de trabajo y me dijo:

¿Tiene esposa? Mi corazón latió violentamente y le respondí que sí y ella me entregó una sortija y me dijo:

Para que se la lleve a su esposa, son las que están de moda.

Naturalmente no lo hice y la guarde, pensando lo que me iba a decir mi esposa al ofrecerle semejante tontería como obsequio, después de eso no volvió a hablarme, pero siempre continuaba mirándome desde aquella puerta y yo esperaba con ansiedad que ella se parase allí y como lo hacía a cada rato, para mí era una delicia. Así iba pasando el tiempo y aquello se convirtió para mí en una especie de ritual. Yo por mi parte no me hacía ninguna ilusión respecto a ella, ya que me parecía inalcanzable para mí, ella era hermana de la dueña de la fábrica y desempeñaba el papel de vendedora ¿qué esperanzas podía tener yo? Un vigilante de 60 años que laboraba por un pequeño sueldo.

Así las cosas, un día yo estaba viendo televisión y ella se acercó y me dijo:

¿Qué canal está viendo?

Yo le contesté:

El 5, el de los animalitos.

No me atreví a decir más nada, ya que me entró tal azoro que no podía hablar, ella estuvo parada allí unos segundos, dio medio vuelta y se fue hacia su puerta. Después de eso no me habló más. Aunque seguía en su contemplación habitual desde su punto de observación.

Otro día se acercó a mi casilla y me dice: ¿tiene un poquito de agua?

Yo inmediatamente le di un vaso de agua y le ofrecí jugo de naranja que tenía en un envase, ella me preguntó si era natural y le contesté que no, que el natural estaba a 500 el vaso, a ella le pareció graciosa mi respuesta y se rió alegremente, tomó el vaso de jugo, se lo bebió y me dio las gracias, marchando hacia su puerta.

Otro día, por primera vez, entró a mi casilla y me pidió agua, cuando la vi tan cerca me pareció que iba a desmayarme de felicidad, ella tomo su agua y se fue hacia su puerta, dejándome en tal estado de excitación que parecía que el corazón se me salía por la boca.

Otra vez entró a mi casilla y se sentó por primera vez en una silla que había allí, yo estaba frente a ella en otra silla y me preguntó si yo tenía hijos, yo le contesté que tenía 2 hijas y un nieto, ella se fijó en mis zapatos viejos y me dijo:

¿Por qué no le pide unas botas al encargado?

Yo le contesté que no me gustaban botas sino mocasines y ella me dijo que los pidiera. Al llegar a este punto de mi relato me detengo a pensar el siguiente paso de ella, el más bello de esta exposición, ese día ella desde su puerta me saludó, desde hacía tiempo lo hacía y avanzó resueltamente hacia mi casilla, entró y se sentó y comenzamos a hablar, yo le pregunté de que parte de Italia era, ella me dijo y luego le pregunté su nombre, que aunque parezca mentira yo no lo sabía, me dijo:

Yo me llamo Teresa.

Luego yo me quedé un rato repitiendo su nombre en voz alta dos o tres veces, luego le dije que yo vivía con mis hijas y mi nieto, le pregunté qué hacía ella los sábados y domingos, si salía a pasear y me dijo que no, que no tenía quien la invitara, yo le manifesté que como era posible que una muchacha tan bonita no tuviera invitaciones, que si le gustaba ir al cine, ella me dijo que en el cine se dormía, que le gustaba era la playa, yo le contesté que la playa era peligrosa y ella me dijo que Playa Los Ángeles estaba bien, que le gustaría ir un sábado, le pregunté qué traje baño tenía y me dijo que unos bikinis, me la imaginé en ellos y sin querer comencé a tartamudear y hablar tonterías, ella me dijo que tenía 38 años y yo le dije mi edad, quiso darme su teléfono pero como no tenía papel donde anotarlo, salió corriendo y volvió poco después con un pedazo de papel con el número de su celular y el de su habitación anotado allí, yo tomé un pedacito del mismo papel y le anoté el mío.

En todo este momento que estuvimos hablando yo sentí un inmenso calor, como que estaba dentro de un horno, a ella le pasaba lo mismo, ya que su sonrosado rostro estaba inmensamente rojo y se notaba profundamente su turbación.

Después que ella se fue me salí de mi casilla y me paré en el portón de la calle, ya que comencé a temblar incontrolablemente, largo rato estuve así, hasta que se me fue quitando y comprendí que estaba enamorado de ella.

El día siguiente estuve esperando que ella me visitara, pero no fue así, se limitaba a pararse en su puerta y me saludaba sonriente, pero no iba hasta donde estaba yo. En un momento que pasó cerca de mi puerta me dijo:

No puedo entrar, mi hermana me regañó.

Entonces resolví hacer una carta y hacérsela llegar cuando pasara. Así lo hice y se la entregué, cuando regresé me dijo al pasar:

Ya la leí.

Estaba contenta y sonreída, en la carta le dije lo mucho que la quería, que necesitaba hablar con ella lejos del trabajo, que si podía visitarla, que si quería ir a la playa, que ese día la esperaba a las 6 en el Metro La Yaguara, que esperaba su respuesta.

La carta se la di en la mañana y pasó el día y no me dijo nada, en la tarde cuando se iba la llamé al celular y le pregunté si me esperaba a las 6 en el Metro y me dijo que no, que iba donde su hermana. Han pasado 15 días y no me ha contestado, solo pasa sonriente y me saluda, ya no se para casi en la puerta, me evade cuando quiero hablar con ella, no hallo que hacer, me siento confundido, triste y acongojado.

Hoy viernes 1 de noviembre de 2002 acaba de pasar y le dije:

Me tienes abandonado, tan mala que eres.

Luego cuando regresé le dije:

¿Qué vas a hacer mañana?

Me contestó: dormir.

Le dije: ¿No puedo ir mañana por allá?

Ella se quedó pensando y contestó: yo te llamo.

Al finalizar el día de trabajo se despidió de mí y le pregunté dónde iba y me dijo:

A dormir.

Aproveche que estaba cerca de mí y le recordé que me llamara, que si tenía mi teléfono, me respondió que lo tenía en su habitación y me prometió llamarme mañana sábado.

En su mano deslicé una servilleta de papel donde iba anotado mi nombre y mi teléfono y ella se fue dejándome el sabor amargo de su ausencia y sin saber de ella.

Aquí estoy contemplando la puerta donde la conocí, cerrada porque es viernes y estoy de servicio, solo espero que pase la noche y llegue el nuevo día para ver si Teresa cumplirá su promesa de llamarme.

Pasé la noche pensando en ella, al día siguiente entregué mi guardia y me fui a mi casa a bañarme y vestirme, cuando estaba en eso me puse a buscar un interior nuevo que no me había estrenado y me dice mi mujer:

¿Adónde vas?

A sacar unas fotos con José y ella me contesta:

¿Y es que vas a trabajar en interiores?

La verdad que las mujeres como que tienen un sexto sentido que hace que vean si uno está haciendo algo inusual, como es vestirse bien, echarse perfume, enseguida piensan que uno tiene algo por allí y en ésta oportunidad no se equivocó. Yo tenía que llevar unos interiores nuevos o por lo menos decentes, imagínese que vaya con unos estrafalarios interiores y eso es mal para uno, `porque la mujer con la que uno salga de inmediato se le quitarán las ganas.

En otra oportunidad yo salí con una mujer y cuando se quitó la blusa y quedó en sostén, me fijé que el mismo estaba negro en toda su extensión, las tiras parecían unos cordeles negros y supuestamente el sostén era blanco. A lo que vi eso enseguida se me quitaron las ganas y le dije: vamos a bañarnos y solo de esa manera pude estar con ella, me imagino que a las mujeres les pasará lo mismo si ven o sienten un hombre desaseado.

De inmediato me terminé de vestir para irme a la calle para esperar su llamada, salí y me puse a caminar por el centro, el teléfono estaba callado, a las 11 no pude más y la llamé a su habitación, la señora que me contestó me dijo que la iba a llamar, oí cuando la llamaba y al rato la señora me dijo que no estaba, desesperado la llamé al celular y no me contestó, la volví a llamar al celular por segunda vez y contestó, su voz era completamente indiferente, a pesar del cariño conque la saludé.

Le dije que la había llamado a su habitación y me dijeron que no estaba. Ella contestó que estaba donde su hermana, fingía aún a sabiendas que era mentira y le pregunté si iba a salir conmigo y me dijo que si quería invitarla a almorzar, que podíamos comer pizzas y beber algo, que estuviera en la panadería Charlot en la Plaza Madariaga a la una y que al llegar la llamara, colgué y sentí dos cosas: una gran alegría y una gran tristeza, alegría por sacarle una cita y tristeza por no poder ir a la misma, ya que lo que tenía en el bolsillo eran 5.000 y necesitaba mucho más.

Me quedé pensando completamente desorientado y resolví llamarla y decirle una mentira, pagarle el engaño que me hacía al no llamarme y la mentira por decirle a la señora de la casa que me dijera que no estaba. Llamé y le dije que no podía ir a la cita porque acababan de llamarme de la compañía de vigilancia y me necesitaban urgentemente, me excusé cariñosamente y me contestó:

Bueno, me iré a comer donde mi hermana.

Demás está decir como pasé el día, me fui a mi casa con un humor de perros, me acosté y hoy domingo estoy contemplando la puerta esperando que llegue el lunes para poder verla y quizás hablar con ella.

Hoy es lunes 4 de noviembre de 2002, estoy en el servicio de vigilancia esperando que mi amor llegue, es increíble cómo puede uno desear tanto a una mujer, por solo verla sería capaz de no comer, no beber, hacer lo que sea. A las 7,30 llegó mi amor en el carrito de Salvador con la Sra. Daza y mi amor, miró hacia mi casilla y me saludó sonriente.

Mi vestí apresuradamente y como llegó mi relevo decidí esperar hasta que mi adoración saliera a comprar su desayuno y mi espera se vio recompensada, ya que minutos después pasó por mi casilla radiante y sonriente, su saludo fue como siempre, sin pensarlo 2 veces salí corriendo detrás de ella y la llamé.

Al oír mi voz se detuvo a mitad de cuadra para que le diera alcance. Al llegar junto a ella me recibió con su más bella sonrisa, yo, que tenía en mente reclamarle por su mentira del sábado, frené súbitamente mis intenciones y no tuve más remedio que rendirme ante sus encantos y decirla en la forma más sumisa y cariñosa:

Mi amor, perdóname por haberte fallado el sábado, pero tuve que trabajar.

Ella me contestó: no te preocupes que yo salí el sábado con unas amigas.

Donde fueron? Le inquirí.

A Chacaíto me dijo.

Otra mentira pensé y cariñosamente le dije: Me voy amor, hasta mañana.

En mi casa no hice sino pensar en ella, me acosté con su recuerdo y me levanté con su figura en mi mente. Al día siguiente llegué al trabajo a las 7,15 y ya ella había llegado. Me saludó y como a las 8 salió a comprar el desayuno con la mala suerte que al momento de salir la señora de la limpieza también iba para la calle y se fueron juntas.

Al pasar por mi puerta me dio los buenos días en su forma habitual, iba vestida con un suéter blanco, pantalones blujean ceñidos y una chaquetilla negra. Su cabello lo llevaba en una cola de caballo, estaba verdaderamente bella, de regreso venía con la misma señora comiendo una empanada y al pasar por mi puerta le dije:

No comas tanto que vas a engordar.

Me miró sonreída y siguió hacia su puerta. En esos mismos días oi un comentario de los obreros respecto a ella, decían ellos que de un tiempo para acá ella estaba derrapada ¿sería yo una víctima de sus derrapes? Aún no lo sé. Dijeron muchas cosas desagradables sobre ella y me entristecí mucho.

En el día de hoy, martes 19 de 2002 ella llegó como siempre, con una cola de caballo, su suéter, sus pantalones ajustados y toda su belleza, me saludó muy cordial, muy sonreída, dejándome suspirando por ella, se paró varias veces en su puerta como cuando la conocí.

A las 12 salió a almorzar y regresó a la 1 en un libre, estaba yo parado en el portón de la calle esperándola. Al llegar se bajó del libre y me dijo:

Ni un cafecito me brindas, ni un cafecito.

Yo le contesté:

Pero mi amor, si no quieres ni salir conmigo, no dije más nada porque ella no se detuvo. Pensé Dios mío, será que esta mujer es loca y me quiere volver loco a mí también. Al rato salió a comprar y me dedicó su más bella sonrisa, al regresar le dije: deja las carreras que te vas a caer, vamos a salir el viernes.

Al momento me contestó:

El viernes no, me invitaron las italianas.

Y el sábado? Le dije yo. Se detuvo, se me quedó mirando unos segundos y contestó: No sé. Y siguió su camino, entonces le dije:

Me avisas.

Y no me contestó nada, la verdad que no hallo que pensar y que esta mujer no termina de decidirse, aunque después que perdí la cita con ella quedé muy mal parado, quizás piense que al voy a volver a embarcar y no quiere arriesgarse otra vez, ya veremos.

El 21 de noviembre de 2002 llegó mi amor totalmente vestida de negro, me di cuenta que su rubio cabello lo tenía más largo y le caía sobre su espalda como una cascada de oro, resaltando maravillosamente en su negra vestimenta. Al pasar por mi puerta le dije que de quien estaba de luto y me dijo:

Es la moda.

Al rato volvió a pasar y como yo estaba parado a la sombra del portón de la calle me dijo:

Estas cogiendo sol?

Le conteste:

No mi amor estoy en la sombra y ella se alejó alegremente, parecía completamente feliz por su bella sonrisa y yo completamente infeliz por no poder concretar nada con ella. En la tarde se recogió el pelo y no sé lo que parecía, si una figura de una prócer de alcurnia o una reina de un lejano país

Hoy lunes 25-11-02 me encuentro en el servicio, como me dieron mi carrito estoy contento, Salvador el encargado me trajo un televisor que no tenía, para completar mi felicidad solo falta que Teresa me hable como antes, a la 7,30 llegó mi princesa encantada en el carrito de Salvador con la señora Daza, me saludo como siempre, estaba de lo más bella como es natural, aunque hoy me pareció más hermosa.

Vestía sus impresionantes pantalones y una blusa manga larga ajustada al cuerpo, toda ella irradiaba belleza, se paró como siempre dos o tres veces en la puerta y en la última nos quedamos viéndonos y ella avanzo lentamente hacia mi puerta, como que un imán estuviera atrayéndola. Al llegar junto a mí con la más bella de sus sonrisas, le dije:

Cómo estas Teresa?

Bien, contesto ella.

Tan bella como siempre le dije, se sonrojo un poco y sonrió. Le dije:

Saliste ayer?

Me contesto: no.

Te estuve llamando le dije pero cayó la contestadora, te pongo el carrito a la orden para cuando quieras salir, si quieres te vengo a buscar mañana. Me dijo:

En la semana no.

Le dije ¿Dónde te gustaría ir?

A la playa contestó.

Pensé: Bendito Dios con la fulana playa, lo que me aterroriza de ir a La Guaira es la subida a Caracas, no sé si el carro la aguante.

Le dije: que te parece el sábado que no estoy trabajando, tú me dices donde nos vemos y de allí nos vamos para la playa que tú quieras.

Me dijo: Me parece bien, podemos vernos a las 8 de la mañana en la Plaza de la panadería Charlott, allí me esperas, pero no me vayas a embarcar, porque no te hablo más nunca.

Le contesté: Está bien, el sábado estaré allí sin falta.

Ella estuvo hablando un rato conmigo y respecto al teléfono me dijo que no lo llevaba consigo todo el tiempo, que donde vivía el baño lo tenía fuera del cuarto y no cargaba el teléfono, quizás sea así pero no me convenció su excusa, sin embargo quedo algo así como vago, como un sí o un no, ya veremos que sucede, respecto al televisor me dijo:

No te puedes quejar, ya tienes como entretenerte.

Le dije: gracias a Salvador que me lo trajo. Al rato pasó por mi puerta y me ofreció papas fritas que venía comiendo, le dije:

Te iba a brindar pero pasaste muy rápido. No contestó nada y siguió hacia su puerta. En la tarde estuvo varias veces mirándome y se acercó a mi puerta, como la vi caminando y mirando el suelo le pregunte si se le había perdido algo y se rio alegremente y me dijo que era que tenía unos zapatos nuevos, que como le quedaban, yo le pregunte si tenía algún problema, ya que la había visto muchas veces como preocupada y me contesto que problemas siempre habían, yo le dije que no se preocupara por los problemas, que había que buscar la manera de resolverlos y si no se podía, tratar de olvidarlos. Se me quedo mirando con sus bellos ojos azules, me vi retratado en ellos y lo que vi fue un hombre viejo y feo y me pregunte: ¿qué vería ella en mí? Después de contemplarme con gran atención me dijo: lo que pasa es que pienso en mi hijo que está lejos. Le dije: es mejor que tu hijo este lejos pero seguro y no viviendo aquí, con el gran peligro que tenemos encima, aquí no se salva nadie, ni pobres ni ricos, todos estamos en peligro.

Nuevamente me vi sumergido en sus embrujadores ojos y observe que ella estaba completamente roja y yo con un inmenso calor, al rato se fue y yo quede con el corazón pegando brincos como una pelota de volibol ¿hasta cuándo será esta tortura? ¿Cuándo será el día que la tenga en mis brazos y la bese con pasión?

Al rato salió a comprar y le encargue unos caramelos y que comprara algo para ella, cuando regreso me trajo lo que no le pedí y una gran sonrisa ¿Cómo podría yo reclamarle? En la tarde al irse a su casa, estaba yo parado en el portón de la calle y al pasar por mi lado me dijo en la forma más amorosa y risueña:

Hasta mañana mi amor.

Me quede impresionado con esta despedida, ya que casi nunca tiene una palabra cariñosa para mí, no sé si es que ella es fría o que no le genero motivos para decirme algo amoroso o cariñoso.

Me dormí pensando en esta despedida y me desperté con toda ella en mi pensamiento. Al llegar el nuevo día me di cuenta que no llegaba, tuve que irme con mi carrito y no había llegado. En la calle como a las 10 la llamé y me dijo que no había ido a trabajar porque necesitaba hacer una diligencia. Al rato la volví a llamar y le pregunté dónde estaba, me preguntó que para que quería saber y le dije que como andaba en la calle con el carrito podía irla a buscar, me dijo que no, que ella se iría en un libre en la tarde. Me lo dijo de mala manera, me dio mucho que pensar.

Al fin llegó el sábado esperado, el viernes en la tarde ella se detuvo en mi puerta de lo más sonreída y me miró a los ojos, luego volteó para todas partes y me dio un beso en la boca de manera rápida, yo quise contestarle pero ella me dijo que más adelante me daría lo que le pidiera y se fue en veloz carrera.

La verdad que me dejó loco con esta actuación, al rato se asomó a su puerta y me lanzaba besos, así estuvo todo el día, al llegar la tarde, cuando ya se iba se acercó a mi puerta y me dijo:

Hasta mañana, mi amor, no me vayas a embarcar, te espero donde te dije.

Pasé la noche pensando en ella y cuando amaneció me bañé y saqué mis cosas que previamente había trasladado para mi casilla, un traje baño tipo short, unos lentes oscuros, una gorra y una camisa tipo suéter, un paño y un radio de baterías, todos esos objetos poco a poco los había ido llevando para mi trabajo y allí los tenía, luego me puse a esperar que llegara mi relevo y a las 7 en punto llegó.

En el acto prendí mi carro y lo saqué a la calle, entregué el armamento al relevo y me fui con mi carrito, tomé la avenida intercomunal y enrumbé hacia El Paraíso, a los pocos minutos estaba donde mi bella me había citado, estacioné el carrito y puse el radio para escuchar música, vi la hora y faltaban 15 minutos para las ocho.

Me puse a observar los edificios y nadie salía a esa hora por ser día sábado, de repente siento que alguien me tapa los ojos, yo estaba parado fuera del carro y no vi ninguna persona cerca de mi, me quedé tranquilo y sentí que eran unas manos de mujer y pregunté: ¿quién es?

Me contestó la dulce voz de mi amor: Soy yo, tu Teresa, no conoces mis manos?

En el acto me soltó y se puso frente a mí, me quedé sorprendido con lo bella que estaba, lucía un short blanco que hacía resaltar sus bellas piernas, en verdad nunca se las había visto y las tenía sensacionales, eran de un color blanco sonrosado, unos bellísimos muslos y unas caderas sensacionales, unas bellas rodillas más rosadas que las piernas, con unos hoyitos preciosos.

Calzaba unos zapatos deportivos con unas medias rojas, una blusa descotada y sin mangas, toda ella muy bella, con su cola de caballo en su rubio cabello, con una pañoleta verde y roja que hacía juego con sus medias, me parecía mentira que una chica tan bella se hubiera fijado en mí. Traía un bolso pequeño con sus implementos, tales como traje baño, paño y otras cosas de su uso. Me preguntó:

A qué hora nos vamos?

Le contesté: De inmediato y le abrí la puerta de mi carrito, ella se montó y cerré la puerta, luego la contemplé y lucía de lo más espectacular.

Arrancamos y al rato estábamos en la autopista La Guaira, bajando suavemente, ella se me quedó viendo con cierta picardía y me dijo: ¿No me vas a besar?

Le contesté: claro que sí, pero vamos a buscar un lugar seguro para estacionarnos, por aquí hay uno desde donde se ve el mar y seguí rodando hasta encontrar una entrada donde habían varios vehículos, entré y me estacioné debajo de un árbol y a lo que lo hice me aproxime a ella, puse mi mano izquierda en su hombro y la atraje suavemente hasta besar su boca. No hay nada más divino que besar una bella mujer en la boca, ella se rindió en mis brazos y estuvimos así unos minutos, mi mano izquierda se deslizó suavemente hasta sus piernas y pude tocarlas, eran de una suavidad increíble, luego salimos del carro y la tomé por la cintura y comenzamos a caminar por el mirador, abajo en el fondo se veía el mar azul, con cantidad de nubes blancas alternando con las aguas que se movían majestuosamente.

Con todo ese paisaje y con mi bella novia tomada de la cintura, no hice más que sentirme muy dichoso, a cada instante la veía y me parecía mentira que se hubiera fijado en mí, un viejo de 60 años, sin dinero y trabajando en un oficio tan simple como era de vigilancia privada, me sentía el más feliz de los hombres.

Después de caminar y admirar el bello paisaje que estaba frente a nosotros, me dijo que continuáramos el viaje, en seguida le abrí la puerta del carro y ella se sentó y continuamos nuestra odisea.

Al rato llegamos a La Guaira y seguimos directamente a la playa elegida, en verdad era una bella ensenada con una tibia arena y cantidad de sillas cercanas a la playa, la cual se mecía suavemente invitándonos a bañarnos.

Entramos a los vestidores, yo me fui al de hombres y en cuestión de segundos estaba en traje baño, con mi ropa recogida en la mano y me senté en un banco a esperarla a ella, al rato salió la más bella mujer en traje baño tipo bikini. De color negro, lo cual acentuaba más el color de su piel blanca rosadita, que maravilla, realmente tenía un cuerpo sensacional, los hombres que allí estaban voltearon todos a mirarla y luego al ver que se dirigía hacia mí, ponían una cara de decepción.

La abracé y tomé sus cosas que llevaba en un bolso y nos dirigimos a los depósitos de la ropa, de los cuales nos dieron una llave a cada uno y luego nos fuimos a la playa, pasamos por la piscina y ella tocó la playa con sus bellos pies y retiró uno porque la arena estaba caliente, luego sacó unas sandalias y se las puso y yo como no tenía salí corriendo y me puse en una sombra, bajo la risa de mi bella que me estaba observando.

Llamé a un joven para alquilar un toldo con dos sillas y allí nos instalamos cómodamente, yo saqué el radiecito y puse una canción que le gustó mucho a ella, recuerdo que era una canción que decía: desde que te vi por primera vez, que la cantaba Tania.

Nos sentamos en nuestras sillas y al rato pasaron vendiendo empañadas y le `pregunté si quería y me dijo que no, que ella había traído algo para los dos. De inmediato abrió su bolso y extrajo un paquete del cual sacó dos sándwiches con jamón y queso amarillo en un pan cuadrado, le dije. Caramba, me tienes sorprendido.

Ella contestó: porqué, si vamos a pasear lo más legal es que yo colabore contigo trayendo algunas cosas, a mí no me gusta comer lo que venden en la calle, yo no sé cómo lo hacen ni en qué condiciones se encuentran y es muy desagradable un dolor de estómago por comer algo en condiciones sanitarias ínfimas.

De beber traigo algo en la cavita, dos cervezas y dos refrescos, una para cada uno, si quieres más lo compramos.

Le dije: Por los momentos dame un refresco para `pasar el emparedado y después ya veremos que comemos.

Ella se puso a comer y me puso en la boca un pedazo del emparedado, yo con delicadeza lo tomé y comencé a masticarlo, luego con tragos de refresco lo fui pasando y me puse a comerme el mío, mientras tanto ella hacía lo mismo con su merienda, al finalizar me dijo que no podíamos bañarnos sino al rato, para hacer un poco la digestión, ya que era peligroso entrar al rato inmediatamente después de comer.

Encendí el radio y había una canción de Diveana que dice: Miré tus ojos tan dulces para mí, a ella le gustó mucho y se puso a tararearla y nos pusimos tan contentos que nada nos parecía mal.

Al rato decidimos bañarnos y para mi sorpresa ella no sabía nadar, sólo se paraba frente al mar y cuando venía la ola se abalanzaba sobre mi persona y yo aprovechaba de abrazarla y besarla, así pasamos un bello rato de amor, luego nos fuimos hacia unas piedras en la playa y nos sentamos allí a conversar, ella me dijo que dónde estaba mi esposa y la verdad que no hallaba que contestarle, temía que si le decía que era casado no quisiera saber más nada de mi persona, sólo le dije que estaba separado de ella y vivía con mis hijas y un nieto, no sé si me lo creyó.

Volvimos a las sillas y contemplamos el mar en todo su esplendor, las olas no eran tan altas y finalizaban su recorrido en la playa con poca fuerza, las personas se sentían allí de maravilla, el sol calentaba suficiente y la brisa marina alejaba el calor para dar como resultado un clima magnífico.

Después le dije si tenía hambre y me contestó que allí en la playa no comeríamos más de lo que ella llevó, que después que decidiéramos irnos nos detendríamos en algún lugar para comer una pizza, su comida favorita por ser ella italiana.

En todo ese momento yo no dejaba de mirarla asombrado de su belleza, me tenía hipnotizado, mi voluntad estaba por el suelo, no quería ni por un instante dejar de contemplarla, me parecía la mujer más bella del mundo y que de verdad lo era para mi juicio.

Se acercó a nosotros una niña vendiendo algunas baratijas y ella escogió una muy bella para tenerla como recuerdo mío, según dijo ella, para toda su vida, palabras que hoy en día no estoy seguro de que hayan sido verdad.

Como tenía el pelo mojado, con los rayos del sol su color rubio destacaba maravillosamente y brillaba como un cielo estrellado, mandando mil destellos que alcanzaban todos los objetos a su alrededor, por lo menos así yo lo veía, casi todas las cosas reflejaban puntos dorados, me miré mi brazo y así estaba, era una visión increíble, era mi mente que estaba obsesionada con su dorado cabello y veía esta visión maravillosa en todas partes.

Al rato me invitó otra vez a bañarnos y la tomé de la mano y caminamos hasta la orilla del mar, poco a poco fuimos avanzando y de repente una ola nos envolvió y ella gritó y se lanzó sobre mí, caímos al agua y aproveché de besarla apasionadamente mientras el líquido vital nos cubría por completo.

Fue el momento más maravilloso del día, luego me levanté y le di la mano para que se parara ella también y nos seguimos bañando y besándonos y luego salimos del agua, ya eran las 4 de la tarde y decidimos irnos, nos fuimos hacia las regaderas para sacarnos el agua de playa y vestirnos, lo cual hicimos y subimos hacia Caracas en mi carrito. Como el cabello de ella se secó durante el trayecto, lo llevaba suelto sobre su espalda y el viento lo mecía de una manera espectacular.

Para mi sorpresa, el carro no tuvo ningún problema en subir, ya que ésta subida es una prueba de cómo está el motor de un vehículo, si recalienta o tiene problemas en la marcha.

Llegamos a las 5 y nos dirigimos a una pizzería recomendada por Teresa que estaba cerca de su casa, entramos y era un local sumamente elegante, ocupamos una mesa para dos y ella me dijo que allí se bailaba si queríamos hacerlo, luego pedimos dos pizzas a lo napolitano, preferidas por ella y dos cervezas, las cuales comenzamos a degustar mientras nos hacían las pizzas.

Me puse a observar las otras mesas y habían muchas parejas, en una que otra se observaba alguna familia, pero en su mayoría eran jóvenes y algunas parejas ya maduras como la de nosotros, le pregunté a Teresa como se hacía allí para pedir alguna pieza musical de nuestra preferencia y ella me dijo que se hablaba con el Bigjoy y él complacía con mucho gusto.

Le pregunté a ella cuál música era de su predilección y me dijo que las de Diveana, que en esa época estaba de moda, luego me levanté y me dirigí al Bigjoy y le expuse mi gusto y él me dijo que tenía tres peticiones por delante, que cuando sonaran ponía las que yo les dije, que fueron 4 en total.

Hoy 27-1-02 mi amor llegó a las 7,15 en el carro de Salvador, como tardó mucho en asomarse a la puerta, me pareció que estaba brava conmigo, pero como a las 10, se desvanecieron mis sospechas, ya que salió y se dirigió directamente a mí, con toda su belleza, todo su esplendor y su bella sonrisa.

Al llegar a mi lado nos saludamos y me habló de política, cosa que me desagrada profundamente, como pude salí del tema y le hablé de mi llamada de ayer, inmediatamente se puso colorada y salió corriendo a comprar, cuando regresó se sonrió y se alejó rápidamente a su puesto. Teresa, Teresa ¿Hasta cuándo será este juego?

En la tarde ella se paró y yo le hice una seña y acudió presurosa, es de hacer notar que es la `primera vez que acude a mi llamado, ya que otras veces me he cansado de hacerle señas y se ha hecho la loca y no ha venido. Al llegar junto a mí parecía una niña regañada, le dije:

¿Tienes mucho trabajo allá adentro? No habías salido en toda la tarde.

Me contestó: es que mi hermana no quiere que hable con nadie, me cela demasiado. Su rostro estaba bellamente sonrosado, sus mejillas parecían bañadas de colorete, en cuanto a mí, sentía otra vez ese calor que me daba cuando estaba cerca de ella. Yo estaba sentado en una silla y ella parada afuera, bastante cerca de mí, noté que las manos de ella estaban entrelazadas y se las estrujaba nerviosamente, estuvimos hablando del hijo de ella, de mis hijas, de varias cosas y ella comenzó a hablar y tocarme el hombro a cada rato mientras hablaba, pronunciando mi nombre a cada instante sin ninguna dificultad, como algo natural, entre otras cosas le dije que pensaba hacer el sábado y me dijo:

No sé.

También le pregunté que donde iría cuando le dieran las vacaciones y me dio la misma respuesta: no sé. Tomé una de sus manos y la atraje hacia mí suavemente, ella se dejó llevar y mi mano izquierda se posó en su cintura y mis labios buscaron su boca y se unieron en un profundo beso. En ese momento mágico llegó la señora que limpia con algunas cosas que había mandado a comprar y Teresa se separó de mí y se marchó hasta su puerta diciendo: ya vengo, voy a comer, demás está decir que no volvió y al finalizar el día se fue sin despedirse. ¿Qué será lo que le pasa a Teresa, será que esta mujer es loca?

En el día de hoy, 4 de diciembre de 2002, recibí el golpe más brutal que me haya podido dar mi bella Teresa. Ella no se imagina como ha podido afectarme esta actitud suya. A las 7,30 de este día, como llegó mi relevo entregué mi guardia, me quite el uniforme, prendí mi carro y lo saqué a la calle.

Teresa había salido a comprar el desayuno y decidí esperar a que ella regresara para hablar un poco con mi amor, ya que tenía tres días sin verla a consecuencia del paro que había en estos días. Cuando la divise salí a su encuentro con la mejor de mis sonrisas, ella me dijo:

Dormiste mucho en esos días.

Yo le contesté: acaso que yo soy como tú que te la pasas durmiendo.

Dijo ella: me la pase viendo televisión y con mi chico, él si es trabajador.

Si ella me hubiera lanzado una granada a mis pies y hubiera explotado, no habría hecho tanto efecto como estas palabras. Ella dijo esto y siguió su camino sin detenerse. Yo, con el mayor desencanto prendí mi carro y me fui a buscar a mi hija Ana para hacer una diligencia que tenía pendiente. Pasé el día de lo más terrible que pueda uno imaginarse y en la noche volví al servicio.

En la mañana ella llegó y saludó como siempre, yo casi ni contesté y en el día estuvo parada en su puerta, yo todo el tiempo ignorándola, ella ha estado parada en el portón de la calle, pero yo no quiero hablar más con ella, quiero sacarla de mi corazón.

En toda la mañana no le ha parecido bien pararse en su puerta y se la ha pasado parada en el portón de la calle, muy cerca de la puerta de mi casilla, pero yo no quiero entablar más conversación con ella ¿para qué?

En la tarde ella me habló y para mi sorpresa me trató de señor Ángel, únicamente abordó el tema de la situación política y yo me limité a escucharla, no niego que me causó satisfacción el oírla y verla tan cerca de mí, aun cuando sabía la gran distancia que había entre ella y yo.

De aquí en adelante no hablé más ni alterné con ella para nada, en cierto momento tuve un problema, el dueño de la zapatería falleció y cerraron la fábrica por luto, por supuesto los únicos que allí estábamos éramos los vigilantes, porque el personal no iba para allá.

Cuando al fin abrieron al transcurrir varios días, llegó una gigantesca gandola y entró hasta la puerta, la estacionaron y comenzaron a cargar y me dijeron a mí que estaba de guardia ese día, que les prestara apoyo, o sea, que no dejara pasar a nadie mientras llenaban el vehículo de zapatos.

Supe después que la señora viuda del dueño de la zapatería había decidido vender toda la mercancía que tenían almacenada en los depósitos, ya que en todo el tiempo que estuvieron trabajando era muy poco lo que se vendía y seguían fabricando y debiéndole dinero a todo el mundo, ya que al no haber ventas tampoco habían facturas a cobrar, no se les pagaba el salario a los trabajadores, se debía el alquiler y a la vigilancia también le debían, quizás todo este `problema hizo que el dueño falleciera y por lo tanto la viuda decidió vender todos los zapatos que tenían guardados para poder cancelar tanta deuda.

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