Exorbitantes caladas que consumes de mi.
Inhalando toxinas de ansiedad, desespero y depresión. Recorriendo con la sangre, por cada vena y arteria, llegando al centro de comando, donde confunde tus impulsos nerviosos, donde malinterpretas la informacion recibida y me entregas tus brazos que llenan de candor el alma, besos llenos de lealtad y nobleza, y claro, esa pícara sonrisa que despierta el sol en cualquier momento del día.
Solo quiero despojar esa fragancia fétida del pecado y lo denigrante que he implantado en ti.
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