todavía es un boceto pero me gustaria escuchar alguna opinión, nunca antes había escrito un libro y no tengo ni idea de como hacerlo. Si me decidí es porque me gusta escribir y porque quiero contar la historia de mi cobaya, mi compañero ,mi familia, un luchador que pese a todas las enfermedades que tuvo y a pesar de que quedó paralítico por una enfermedad de la columna sigue luchando cada dia por vivir, algo que es digno de admiración en veterinarios de toda España.
INTRODUCCIÓN
Quiero compartir con todos vosotros la historia del miembro más amoroso de mi familia, el más leal, y el mejor compañero. Su vida no fue fácil, tuvo que luchar contra muchas adversidades, enfermedades en las que todos tuvimos que estar muy unidos para llevarlo lo mejor posible y hacerle sentir lo mejor posible.
Esta es la historia de Mucho, una cobaya diferente. Una cobaya luchadora, con ganas de vivir, jamás se rindió. Algo nunca visto.
Espero que os guste y que conozcáis más el mundo de este animalito tan especial.
CAPÍTULO 1
Era un 14 de Septiembre de 2014. Llevábamos tiempo queriendo ampliar la familia y disfrutar de un nuevo miembro. Ese día, mi hermano, caminaba por una céntrica calle de la ciudad de Vigo, nuestra ciudad natal y además, ciudad donde vivimos. Se paró en una tienda de animales, y decidió entrar a ver los animalitos, aunque ni él, ni yo, ni nadie de mi familia somos partidarios de la compra de animales, pues ellos no son juguetes a los que se le puedan poner un precio y tratar como algo material.
Le llamó la atención una cobaya que no paraba de correr de un lado para otro. Él conocía bastante el mundo de estos roedores, pero aún así decidió salir de la tienda. Al cabo de un rato y movido por ese instinto que le acercaba al animalito decidió volver a por él y traerlo para casa.
Cuando llegó era tan pequeño que cabía en la palma de la mano. Se escondía en el heno, tímido, miedoso.
Lo malo fue que al llegar a casa nuestros padres no aprobaban que lo tuviésemos. Era una gran responsabilidad, había que estar preparados para posibles enfermedades u operaciones con gastos altos, y cuando faltase dejaría una huella imborrable en nuestro corazón.
Pero solo hicieron falta unas horas para saber todos que este pequeño ser que no tenía culpa de nada cambiaría nuestras vidas para siempre, haciéndola ver de otro modo.
El problema era que no se sabía si era macho o hembra, porque eso se conoce con el paso de más tiempo. El hombre de la tienda de animales pensaba que era una hembra así que…Ahora venía el dilema ¿y qué nombre le ponemos?… mi madre, muy fan de dos cómicos gallegos que actuaban en la televisión autonómica empezó a llamarle “Mucha”, ya que ellos se hacían llamar “Mucha e Nucha”.
Le preparamos una casita donde estuviese cómodo, y por supuesto, nunca enjaulado.
Fue como ángel que llegó a nuestro hogar para enseñarnos infinitas cosas.
Fuimos notando que era especial, además de cariñoso y como no…¡Inquieto!, fue conociendo cada rincón del piso, y sin haberle enseñado, él mismo iba a hacer sus necesidades a su casita, o si no, a un espacio habilitado que le habíamos puesto en la cocina.
Lo que más nos llamaba la atención era la manía que cogiera con meterse en la cubeta donde le teníamos el heno.¡¡era tan adorable!!
Un peluche con vida… Con mucha vida.
CAPÍTULO 2
No éramos conscientes de lo listos que eran estos animalitos hasta que Mucha llegó a nuestras vidas… Pero ahora tengo que confesaros algo…
Cuando un día llegamos al veterinario para su reconocimiento nos llevamos una sorpresa, pues Mucha era ¡un macho! Así que como es una palabra tan bonita y que abarcatanto le cambiamos el nombre por “MUCHO” , porque lo queremos MUCHO, porque lo cuidamos MUCHO,porque lo adoramos MUCHO.
Él iba creciendo con una familia que lo daba todo por él, pero es que él también se hacía querer.
¿ y cómo fue yendo su día a día? Pues como un miembro más de la familia.
Por las mañanascuando todos íbamos a desayunar él ya tenía su platito preparado con su desayuno, consistente en su pienso, en un trocito de pimiento y algún premio más. Cuando terminábamos, llegaba el turno del aseo, entonces le limpiábamos su casita. Os preguntareis como se la teníamos preparada, pues para tener a una cobaya hace faltar informarse y buscar opiniones en profesionales.
Esta era su parte de arriba del “chalet cobayil”. Debajo del escurreplatos amarillo para proteger sus patitas, tenía papel prensado que absorbe el pis, es muy higiénico, y todos los días le cambiábamos el escurreplatos, y por supuesto, el papel prensado. Además le poníamos agua fresca dos veces al día. Una mantita para dormir encima, y, en la parte donde él duerme, le ponemos una telita para que tenga algo de oscuridad, ya que, al igual que nosotros cerramos un poco la persiana para echarnos una siesta ,a ellos también les gusta tener su espacio tranquilo .
Cuando fue creciendo nos dimos cuenta de que Mucho parecía una nueva especie de animal llamado “cobi perro” ¿ por qué? Pues porque dicen que los perros son los animales más inteligentes y más fieles al ser humano, pero lo de Mucho es algo que supera cualquier límite.
Empezó a reconocer el sonido del ascensor, se ponía nervioso porque sabía que alguien llegaba a casa.. A veces sí ,pero otras era algún vecino. ¡¡ pero cuando escuchaba sonido de llaves girando en la puerta… ahí sí que no había engaño posible para él ¡!
Y entonces, salía disparado de la habitación para ir a la busca de ese humano y recibirlo, y, por supuesto, el humano lo recibía a él. Entonces había que darle un premio …
Bueno… tampoco se lo dábamos entero, pero si por él fuese.. ¡¡ se lo comía ¡!Porque si algo jamás le ha faltado a Mucho es el apetito.
¿y a la hora de comer? Pues no hacía falta tener reloj. Si estabas despistado, él siempre te recordaba que era la hora de la comida. En mi casa solemos comer a las 14:30, a no ser que por trabajo alguno se tenga que ir antes o alguno no esté presente. Pues Mucho, a eso de la 13:30 ya soltaba su mítico : cuiiii cuiii cuiiii, que traducido a nuestro idioma bien podría ser algo parecido a : “mamá, ¿cuánto falta? quiero comer “.
Cuando creció un poquito decidimos dejarlo a su aire por el piso, y se plantaba en el medio del pasillo esperando que llegase la hora de ir a la mesa. Porque sí.. Muchito siempre comía con nosotros y cenaba con nosotros,y a veces incluso merendaba con nosotros. Muchito también tenía su platito en la cocina.
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