Dudo de todo. Dudo de mí, de ti, de nosotros,

pero sobre todo de mí cuando se trata de ti.

Que si el valor me abunda, tu mirada me desgasta,

tus palabras consumen el aire.

Y en cuanto me siento firme sobre mis pies,

y empiezo a avanzar como un gato sigiloso,

pisando en silencio, con lentitud…

.

¿Qué tipo de trauma te deja así? Paralizada,

dudando de tu mente, de tus acciones,

de tu respiración, de lo que ves, del aire que roza tus manos,

del parpadeo continuo. Dudo de mí.

.

Que los colores se desaturan, y el reloj parece no funcionar. 

Y si la incomodidad genera movimiento, ¿por qué no puedo verte a los ojos? ¿Por qué no salen mis palabras? ¿Por qué, si me esforcé para prevenir, practiqué y me convencí, solo para escapar otra vez?

Se siente como una llaga que empieza por la garganta y llega hasta mi ombligo. Se siente como si el aire secara mis entrañas.

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