Y al final siempre te hallas junto a ti… En esa infinidad que te une a tu centro más profundo, a tu ser eterno.

Descubres el valor inabarcable de tu esencia, en un segundo mágico que te invita a reconocerte y encontrar el cielo.

Te reflejas en el bello latido de la luna, en las corrientes de vida del cielo y en cada suspiro amoroso del viento.

Abres el pecho a tu espíritu encendido, para recuperar la calidez del fuego que te habita y te conecta al firmamento.

Francisco Gallardo Perogil 

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