Íbamos muchas hermanas juntas, formando una nube negra, en busca de un animal al que picar. Ya no quedaba ninguno de los pequeños, de esos que morían tras un solo ataque. Así que íbamos a por los medianos o a por los grandes. A por un listrosaurio que se ha separado de su manada y se desplaza torciendo su cuerpo y arrastrando sus patas, o a por un eritrosuco que le acecha.

Rodeábamos al animal y nos posábamos sobre su lomo, resistiendo su agitación y sus sacudidas. Horadábamos su piel con nuestra trompa, que penetraba despacio a través de su carne suave. Por fin, disfrutábamos del sabor dulce de su sangre durante un rato que a mí siempre me parecía muy corto.

“Ya es suficiente, dejad de chupar” nos ordenaban a la vez nuestras hermanas más viejas. Querían evitar la muerte del animal o la nuestra propia. Las jóvenes parábamos y retraíamos nuestras trompas, pero a las medianas tenían que golpearlas en las patas y extraerles su trompa por la fuerza. Siempre había que dejar a bastantes allí clavadas.

En cuanto empezaba a haber menos animales, migrábamos a otras regiones. Nuestras leyendas decían que habíamos ocupado el Gran Continente entero, desde las selvas hasta las llanuras esteparias, gracias a nuestra inteligencia superior.

Aquel día nos encontrábamos sobre un dicinodonte, y yo hacía grandes esfuerzos por retraer mi trompa. Conseguí sacarla justo cuando ya se me acercaban tres hermanas mayores.

Entonces oí el zumbido del macho que me había fecundado tiempo atrás y, en un impulso, volé hacia él.

“Nuestros huevos empiezan a estar maduros” dije mientras me posaba en el tronco del árbol, a su lado. Él me miró con sus ojos compuestos algo desorbitados, y entonces noté que aleteaba una y otra vez sin conseguir alzar el vuelo.

Yo también intenté volar, pero tenía todas mis patas atrapadas en la resina.

Ahora, en perfecta inmovilidad, le sigo dando vueltas a mis recuerdos mientras me observan, a través de la resina amarilla, unos animales erguidos y de ojos simples. Van en manada, unos detrás de otros, como si emigraran lentamente. Son multitud.

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