A KEYMMY
El tiempo no los aniquila,
ni siquiera la muerte los borra.
Sus caras vagan por los rincones y
el viento trae el eco de sus risas.
La música los derrama,
impregna el ambiente cun sus emociones,
con risas, con llanto, con besos con canto.
Cada año en este día se regresan,
y llegan a ser tan severos, tan crueles,
que en los momentos regocijantes
se desprenden de los muros,
se posesionan de la ropa, la comida,
los muebles; se funden con el aire.
Se vuelven furiosos contra nosotros
para arrancarnos lágrimas mudas.
Ojalá podamos tornar esa ira en gentileza,
ojalá que hoy nos besen en lugar de golpearnos,
ojalá que sólo nos desaten las sonrisas.
Ojalá mi presencia,
transforme en alegría tu silencio.
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