¡Será bochornoso llamar ruidos a los gritos de una madre. asustada por sus hijos!
Una vez que los niños estén muertos,
llorados, chorreando las mejillas,
¿se cerrarán sus ojos como en una invernación
y santas pascuas?
Entre la tierra y la muerte está el llanto.
¿Cómo nos quitamos un solo par de mentiras
que aluden la inacción?
¿Cómo calumniamos a los que están en la contienda,
solo con sus manos?
Día a día gentes mirando por las ventanas,
viendo cómo la rabia invasora retorcida,
sube las paredes de las casas,
borra sus orillas azules, olas suaves, ahora negras.
Las obreras defienden la colmena,
de los intrusos se ocupan ellas,
ponen los muertos, ponen el llanto y ponen la impotencia.
Reinas y zánganos,
solo tragan miel,
y no quieren saber nada de batallas no elegidas.
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