Si vienes, ven con suavidad
y llama a mi puerta solitaria.
Cuando llegues, no digas una palabra, se estremecerán mis hombros
y caerá un libro de mi mano.
Mi alma deslumbrada por la luz de la avenida, no conoce esta penumbra.
Yo me quedaré en silencio como en una meditación para no asustarla.
Y si puedes inclínate y recoge el libro,
hay una flor escuálida entre sus páginas.
Insértala en tu abrigo,
por la parte que cubre el corazón,
tal vez vuelva a la vida.
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