Quiero tomar lo esencial de mi habitación, y huir, lo digo y pienso tan sencillo pero el mundo es un vacío hueco, cruel y brutal de gente agonizando; no soporto la idea de cuidarme todo el tiempo, a veces necesito que alguien lo haga por mí. He tenido tantas jaquecas, mi vista se nubla, los mareos son constantes. ¡Qué me lleve el mar! Me ahogue y me brinde un nuevo cuerpo, un nuevo corazón, uno sin puntadas ni hilos sin cortar. No me basto para encontrar una fuerza superior al viento que se lleva el humo del cigarro que suelo consultar para que se lleve mis miedos, mis pensamientos pesados. El reloj marca las 5:11 pm y nadie parece reconocerme, ¿alguien se preocupa por mí en esta pausa de consuelo olvidado?. Sé estar sola pero me abandono cuando creo que no tengo más opciones que solo vagar o dormir.
Me olvido para no sufrir pero me mata la idea de no tener tiempo de arreglar mi vida.
Temo llegar al extremo de delirar y nunca volver al entusiasmo de ser.
Debo decírtelo todo, o fracasar y ocuparme de lo que crees es un estorbo, de compromisos que nadie más quiere por el mismo temor de perder y dejarse matar.
Me pesa que me estoy olvidando, el vuelo de las horas pasa factura, mis desvelos matan a mi memoria, la fracturan; y no hay nadie a quién les cuente mi pesar.
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