
Otra noche cae sobre el silencio, y en la oscuridad, la marea que forma mi mente, amenaza con ahogarme. Los recuerdos se vuelven sombras tangibles, mis viejos demonios despiertan de su letargo para acosarme sin tregua. Maquinan dentro de mi cabeza, arrastrando al presente historias de un pasado ya extinto, los ecos de una versión de mí que creí muerta y sepultada otras vez de entre las sombras se levantan.
Con la mirada fija en el vacío y un vaso de whisky sirviendo de testigo en la penumbra, tomo mi lápiz. La hoja de mi cuaderno se convierte en un campo de batalla. De un lado Anoto los viejos recuerdos, las decisiones amargas y los errores de los que me arrepiento con el alma. Del otro lado trazo con fuerza mis sueños, las metas que anhelo con el corazón y el destino que me niego a dejar ir.
Pasan las horas en un susurro. La botella se va vaciando al mismo ritmo que esta lucha interna desgasta mis fuerzas. Es un combate silencioso entre la sombra de quien fui y la fuerza de quien quiero ser, intentando a toda costa que este nuevo yo salga victorioso.
Finalmente, doy por concluido el tormento de esta noche. Enciendo un cigarrillo, observo el humo disiparse en el aire, me recuesto en mi cama, listo para descansar y seguir soñando con alcanzar la vida que tanto e de anhelar
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