Este lugar no es extraño,

como tu casa, como tus sueños exagerados.

Los gritos audibles son como sonrisas secretas, 

escondiendo dientes marchitos y aletargados,

 chorreando grasa.

Cuando no te veo, te canto,

con tus letras absurdas e innecesarias.

El mundo es tan fácil de describir:

las flores en las tiendas son siempre jóvenes…

los niños siempre están brillando.

Pero llegará el día en que el tiempo,

con sus péndulos adoloridos de tanto ir y llegar,

escondidos en las trastiendas de la vida,

se mostrará

y regresará por el lado que no esperas.

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