Soledad, que te subastas

en cualquier esquina.

Nunca entre sombras,

porque eres Ser para quienes

no te huyen.

Aceptarte enciende almas

esparcidas, lúcidas y a veces,

tristemente fugaces y anhelantes

de estériles compañías.

Te acercas sin condiciones,

entre guiños y ocasos alternantes

con vigorosa envidia.

Sin ti no podría mirarme ni mirar

el Mar sin asombrarme ni valorar

el tiempo, ni el sol, ni el fin

que irremediablemente me encontrará

con tu afanosa compañía.

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