PRóLOGO
Hay momentos que, aunque parecen quedar atrás, descubren una manera diferente de quedarse.
En una palabra, una mirada, en un silencio compartido. Habitando la memoria sin pedir permiso y, con el paso del tiempo, dejan de ser solo recuerdos para convertirse en parte de quienes somos.
Estos escritos nacen de ese lugar donde lo vivido busca una nueva forma de existir. Un espacio entre la ausencia y la presencia, entre lo que alguna vez fue y aquello que todavía permanece.
No intentan explicar una historia, sino recorrer sus huellas. No buscan detener el tiempo, sino escuchar aquello que dejó a su paso.
Porque cada encuentro, cada despedida y cada instante vivido deja algo de nosotros en el camino.
Y quizás escribir sea eso, volver sobre esas pequeñas marcas que la vida deja, no para quedarse en ellas, sino para comprender que también forman parte nuestro día.
Estas hojas son una invitación a caminar despacio por esos lugares donde el tiempo, la memoria y las emociones todavía encuentran una manera de hallarse.
PG
01
CAMINAR
Camino este tiempo.
Sin apurar las horas.
Sin pedirle respuestas al calendario.
Dejo que los días encuentren su propio ritmo,
como quien aprende que la vida
también sabe llegar sola.
Hay mañanas
que parecen iguales a todas.
Y, sin embargo,
cada una mueve algo invisible.
Algo cambia.
Aunque los ojos todavía no lo descubran.
Ya no intento detener el tiempo,
ni convencer al destino.
Aprendí
que algunas historias
solo florecen
cuando la espera deja de ser impaciencia
y se convierte en confianza.
El día ya está escrito.
Nosotros
apenas caminamos hacia él.
Paso a paso.
Sin atajos.
Sin correr detrás de lo que tiene su propia hora.
Por eso miro cada amanecer
como quien recibe una pequeña certeza.
No porque sepa lo que traerá,
sino porque entiendo
que también él
acorta los trayectos.
Y entonces sonrío.
Porque cada amanecer
es uno menos en la distancia,
que me lleva a ese futuro por escribir…
PG
02
VERSION PRESENTE
El pasado encontró su lugar.
Y desde esa quietud comprendí
que lo que vendrá no necesita promesas;
le basta con un horizonte
dispuesto a recibir mis pasos.
Entonces regreso, casi sin darme cuenta,
a las hojas que fui escribiendo.
No para revivir lo vivido,
sino para reconocer las huellas
que todavía me nombran,
y esos zapatos gastados
que conocen el valor de haber seguido.
También el alma se va moldeando.
No sólo por los abrazos,
también por las ausencias,
por las caídas que enseñan,
por las veces en que el rumbo se desdibujó
hasta revelarse con otra claridad.
Y es allí donde descubro
que el vacío no siempre es abandono.
A veces es el silencio necesario
para escuchar lo que el corazón
venía diciendo en voz baja.
Entonces la paz llega
con la sencillez de un suspiro.
Sin hacer ruido,
acomoda el alma,
serena la mirada
y vuelve amable el camino.
Porque, al final,
comprendo que no era el destino
lo que daba sentido al recorrido,
sino la forma de caminar.
PG
03
PAPEL Y TINTA
Solo papel y tinta,
la noche,
la vida en un instante,
los momentos.
Y en ellos,
Aquel tiempo vivido,
recuerdos solemnes
de un ayer sin futuro,
transitar despacio.
Porque todo pasa.
Las horas quedan atrás,
la gente viene y va.
Sostener lo dicho
también es una forma de permanecer.
Entonces,
La presencia de un presente
que caminando se escribe,
desafía a un futuro incierto
que aún no llega.
Y mientras tanto,
Acunar palabras
desde la misma ausencia,
sin sentir ahogo,
solo libertad.
Y comprender, al fin,
Que también se habita la calma.
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04
HOJA EN BLANCO
Esta hoja en blanco
y la tinta que insiste,
apenas logran nombrarnos
mientras la historia se escribe sola,
sin prisa, sin final.
De esas cosas que no escribo,
de las que siento y guardo dentro,
de los instantes que aún vivo
contando el tiempo que no apura,
siempre en silencio,
siempre a la espera.
Las letras, todas dispersas,
solo el viento las ordena;
y en cada soplido suyo
una nueva historia sucede,
como si volviera a contarse
aquello que nunca termina.
Volver sin habernos ido,
llegar sin siquiera partir,
como quien intenta empezar siempre
aunque cada final parezca inútil,
y aun así,
todo comience nuevamente.
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05
INSTANTES
Somos instantes en corazones indómitos,
destellos que nacen cuando el silencio se vuelve abrazo,
como dos horizontes que, sin buscarse, se reconocen
en la quietud de un mismo cielo compartido,
allí donde el azar comienza a parecer memoria.
Fugaces y eternos, corazones despiertos,
aprendiendo el idioma secreto de las miradas,
sin otra promesa que la de habitar el momento,
mientras el tiempo, distraído, olvida contar los latidos
y el alma descubre caminos que aún no tienen nombre.
Compartiendo un presente que se vive a pleno,
como quien sostiene entre las manos la luz del atardecer,
sin saber cuánto dura aquello que verdaderamente importa,
porque existen encuentros que caben en un suspiro
y, aun después de partir, continúan respirando en algún lugar.
PG
06
UNA SONRISA
Que me regales una sonrisa
una tarde cualquiera,
en una esquina,
aun por cruzarnos
y coincidir sin buscar.
Coincidir sin pensarnos,
estar sin saberlo,
en este tiempo sereno
de amores efímeros.
Sentir que podemos
tomarnos de las manos y ser.
Que el destino nos teja
incertidumbres diáfanas.
Que podamos crecer
sin dejar de elegirnos,
caminar de la mano,
hasta descubrir
que solo basta intentar.
PG
07
DETENER EL TIEMPO
Detener el tiempo,
repetir tu nombre en voz baja,
dejar que me habite,
guardar su sonido en mis labios,
y acercarme a tu oído.
Que aun en el caos
sepamos encontrarnos en la calma,
sin preguntas que interrumpan,
siendo refugio uno del otro
cuando el mundo pese.
Olvidarnos de los relojes,
de todo lo que apura,
dejar que el tiempo nos abrace,
y descubrirnos, sin esfuerzo,
siempre del mismo lado.
Estas hojas en blanco,
la tinta que no se resiste,
apenas intentan nombrarnos,
mientras la historia se escribe sola,
sin prisa y sin final.
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08
CONVERSACIONES
Conversaciones infinitas,
sin relojes ni distancias,
solo el tiempo suspendido
entre palabras que descansan.
Mirarnos fijo a los ojos,
como quien descubre un refugio,
porque hay verdades que nacen
sin necesidad de decirlas.
Sentir el cuerpo despierto,
con el pulso siempre latiendo,
como si el alma encontrara
otra forma de seguir viviendo.
No medir las intenciones,
ni anticipar despedidas,
dejar que el tiempo acomode
lo que madura en silencio.
No guardar para mañana
aquello que hoy nos habita,
porque el sentir también muere
cuando la voz se limita.
Y entregarnos sin reservas,
con la calma de lo sincero,
esperando que la vida
haga lo suyo en un encuentro.
PG
09
UNA PALABRA
La distancia sigue siendo finita,
pero hay ausencias
que no conocen medida.
Diáfana amanece la luz,
y con ella
vuelve la costumbre
de buscarte
en aquello que permanece.
Quise regalarte una palabra,
una sola, capaz de abrazarte en la distancia.
Pero al nombrarte,
solo aprendí y pronuncie: extrañarte.
Extraño tus ojos,
la tibieza de tu mirada,
el tono de tu voz,
ese lugar
donde el mundo encontraba silencio.
El tiempo no vuelve atrás.
Solo mis pasos
insisten en regresar
a los cincuenta y tres escalones,
donde un instante
se volvió eterno.
Dentro de mí
late una llama
que no conoce el olvido.
No sé cómo apagarla.
Tal vez porque aún necesita
tu refugio,
tu abrigo,
la quietud de tus manos.
Y cuando el recuerdo
parece apagarse,
vuelvo a escuchar
ese silencio inmenso,
esa palabra que quise regalarte: extrañarte.
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10
EN LAS NOCHES
Te busco en las noches,
cuando el silencio se acomoda junto a mí
y el mundo parece bajar la voz.
Es ahí donde vuelvo a recorrer los mismos recuerdos,
como quien conoce de memoria un camino que ya no existe,
pero insiste en caminarlo una vez más.
Y aunque no me creas, te encuentro siempre.
No en un lugar preciso, sino en esos pequeños instantes
que aparecen sin aviso: en una canción, en un perfume olvidado,
en una mirada que por un segundo se parece a la tuya.
En la luna, que muchas veces fue nuestro punto de encuentro.
Tu ausencia tiene la extraña forma de una presencia constante.
A veces pienso que encontrarte
no depende de la distancia ni del tiempo.
Hay personas que permanecen incluso cuando se marchan,
porque dejaron una huella demasiado profunda
para que el olvido pueda borrarla.
Vos, sos una de ellas.
Aunque ya no estás, seguís viviendo en esas noches
donde el corazón recuerda lo que la realidad intenta negar.
Y mientras exista un rincón en mi memoria
capaz de pronunciar tu nombre en silencio,
siempre habrá un lugar donde volver a encontrarte.
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11
DESEO
En toda cama duerme un pasado,
y en cada rincón respira una historia;
esa que escribimos juntos
cuando los días todavía nos pertenecían.
Hoy son apenas huellas,
palabras derramadas en tinta
sobre un papel imaginario
que aún conserva lo vivido.
Como quien detiene el mundo
para rescatar un latido del olvido;
ese que alguna vez habitamos
con la inocencia de dos enamorados.
Y aquel amor que creció en silencio,
al margen del deseo y de la prisa,
permanece como único testigo
de todo lo que fue, aunque nunca sucediera.
Quedan las historias,
las anécdotas compartidas,
una charla de café en la memoria,
un suspiro que todavía nos reconoce.
Porque hay amores que no terminan de irse;
aprenden a quedarse,
como la luz que persiste al caer la tarde,
en el rincón más callado del alma.
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12
LUZ
Y cuando la luz queme
lo que alguna vez llamamos amor,
empezará a sentirse ese calor extraño,
ese que anuncia los finales inesperados,
como si el destino hubiera resuelto en silencio
aquello que nosotros todavía intentábamos sostener.
Y será entonces
cuando queramos volver al comienzo,
al instante preciso donde nació la primera grieta,
al origen del dolor,
creyendo que entender el inicio
podría cambiar el final.
No fue una casualidad buscada.
Tal vez apenas una de esas causalidades
con las que la vida escribe sus encuentros,
dejando en el tiempo
lo que nunca encontró su lugar.
Porque no darlo todo
también puede ser una forma de sobrevivir.
Guardar una parte del amor
como quien conserva una última luz
para cuando llegue la noche.
Y aunque la vida siga girando,
indiferente a nuestros deseos,
termina enseñándonos, tarde o temprano,
que no siempre sucede aquello que imaginamos,
sino aquello que, en silencio,
la vida tenia preparado para nosotros.
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13
RELATIVO
Relativo es el tiempo.
Sobornar la razón,
como si pudiera negociar
con aquello que el alma
ya ha elegido.
Apagar el deseo,
aunque su fuego
se resista a la noche.
Intuir el andar sereno,
sin apresurar los pasos,
porque no todo destino
necesita ser alcanzado.
Hay silencios
que también enseñan a permanecer.
Y, cuando todo parece dispersarse,
encontrar calma en una voz lejana,
como quien descubre
que el tiempo,
a veces,
también sabe detenerse.
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14
CAMINO MARCADO
Un camino marcado.
Transitarlo lentamente,
como quien descubre
que también el tiempo
tiene su propio paso.
Y dejar, simplemente,
que el sol tibio de invierno
entre por la ventana
con los primeros rayos,
hasta volver habitable el silencio.
Entonces,
un atardecer temprano.
Y una cobija
para abrazar la noche,
antes de que el frío
lo nombre todo.
A lo lejos,
una canción encuentra su lugar.
El equipo permanece encendido,
como si aún conservara
la memoria
de otros inviernos.
Y en medio de esa quietud,
la ropa de cama permanece casi intacta.
No se desacomoda.
Quizás sea el tiempo
quien, lentamente,
le devuelva
a cada instante
su lugar.
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15
POR VENIR
Quizás aceptar sea esto,
dejar que lo vivido encuentre su lugar,
sin volver sobre cada huella
ni preguntarle al tiempo por qué.
Habitar el presente,
con su calma imperfecta,
aprendiendo a mirar lo que queda
sin miedo a lo que todavía falta.
Porque el futuro no promete respuestas,
apenas abre una puerta entreabierta,
un horizonte dispuesto a recibir
aquello que aún no sabemos nombrar.
Y entonces seguir.
Sin prisa, pero con esperanza,
dejando que la vida acomode sus tiempos,
mientras algo, en silencio, nos vuelve a llamar.
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