Me despierto atormentada, esta oscuro, es de noche y hace mucho frio.
El dolor de cabeza es tan intenso que apenas recuerdo quien soy.
No llevo nada puesto, pero visto el dolor de una vida de sufrimiento.
Miro a los costados y solamente veo otras igual que yo, unas con otras, sin apenas espacio para movernos. Empecé a recordar algunos fragmentos y supe que estaba en el campo de concentración, o el campo a secas, como los hombres lo llaman.
No tengo nombre, soy un numero más entre cientos o miles. No conocí la vida, ni la libertad, ni el deseo. Simplemente existo, no tengo odio, porque las heridas son tan profundas como la resignación.
Hace poco fui violada, otra vez. Ya no me afecta, es sólo una violación más para mí. Pero hay algo que desgarra mis lagrimas, que no dejan de salir de mis ojos sin que lo pueda controlar y es el pensamiento de qué será de mi hijo. Cuánto lo extraño. Recuerdo el día en que nació, recuerdo esos ojos negros tan grandes y hermosos. Estuvimos juntos un tiempo y luego nos separaron. Fue lo más parecido a ser feliz desde que nací acá en el campo. A veces creo sentir su olor, o hasta creo oírlo llorar a lo lejos, pero no estoy segura, porque el aturdimiento sólo para al dormir, aquellas noches que consigo hacerlo. Quieren que lo olvide, que crea que ya no existe.
Cuando me liberan para comer lo busco, lo busco por todos los rincones que puedo, pero nunca lo encuentro. Habrá pasado ya demasiado tiempo? Estará llegando el momento de una nueva violación para engendrar otro hijo para ellos? Estaba con esos pensamientos cuando percibo el amanecer, y al amanecer todo comienza otra vez. Abren las puertas y nos van haciendo pasar una a una para que salgamos mansas, como autómatas directo a trabajar, si es que puedo llamarlo de esa manera. Llego a mi máquina asignada, la conectan a mis ubres, no parece importarles que llevan días infectadas, chorreando pus, sangre y odio, sin importarles mis lagrimas ni mi desesperación.
Mi trabajo termina por hoy y llega otra vez mi tiempo de almuerzo, empiezo a comer, pero de repente creo sentir su olor e inmediatamente oir su gritos. Me vuelvo y lo veo a lo lejos, era él, mi ternero. Lo estaban llevando al matadero y esa fue la última vez que lo vi.
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